miércoles, 15 de diciembre de 2010

Premios Berlanga



Ais señores, que estamos de enhorabuena. Y no se crean, que hace milenios que tengo esto esperando, subrepticio, para ponérselo por aquí, pero es que hasta este momento no he encontrado un minuto libre para comentarles la jugada.

Resulta que el el día 2 de este mes el audiovisual valenciano celebró la tercera edición de los Premios Berlanga. Además este año era el primero en el que el buenhombre que daba nombre a los premios faltaba, con lo cual la tele valenciana, que es muy de la pompa y de la circunstancia, pues allí estaba entera, dándolo todo, con Carolina Ferre (a la que siempre recordaremos como cara de Druni) de presentadora .


Y fíjense ustedes por dónde que el premio en la categoría “doblaje y sonorización” no fue a caer a otras manos que a las de el doctor Frederic Chaume, una de las cabezas de mi querida uji. Dicen las lenguas --buenas y malas, que de todo hay en la viña del Señor-- que el merecido premio se le ha dado “por ser Chaume uno de los primeros traductores de doblaje y subtitulación al valenciano y por su apoyo al sector audiovisual valenciano, así como por haber ayudado a implantar la titulación de traductores e intérpretes en la Universitat Jaume I y haber formado ya a 12 generaciones de traducciones audiovisuales desde 1994”. Pues ya se lo podía haber dado antes, digo yo.

Y miren que no me voy a poner a abrir botellas de champán porque guardo la espinita de que Chaume no me diera clase. En verdad sí lo hizo, pero sólo del módulo teórico de la asignatura de doblaje. Una pena, oigan.


Eso sí, yo recuerdo que salía de esas clases con la moral por las nubes y con ganas de dedicarme en cuerpo y alma al audiovisual. Me encantaba, me atrapaba sólo escuchádole hablar. Porque se nota que Chaume vive su profesión, o bueno, sus tres profesiones: la de docente, la de traductor, y la de investigador.


Poco más puedo decirles, además de que me alegro un montón por Chaume. Pueden leer la noticia aquí, y si les apetece, pues les dejo también con una entrevista que dio a The Journal of Specialised Translation, que es en video y mola verle ahí, au naturel. Y sí, para los cotillas, tomad datos.


La més sincera enhorabona a Chaume pel premi, que és més que merescut i també per inspirar els alumnes dia a dia a classe, que no es gens fàcil!

Conjugate your verbs

Competencias.

Últimamente tengo muchas ganas de entrar en el mundo de la doctora Hurtado y hablarles de competencias y del modelo -casi- perfecto del grupo PACTE (2002). Sin embargo hoy, y quizá eso sea por mi trabajo de profesor de español para extranjeros, quiero centrarme en la competencia lingüística, así, porque yo lo valgo.

Verán, en los currículums de TeI siempre aparece una una formación lingüística básica sin la cual, como todos comprenderán, es imposible que ningún tipo de competencia traductora pueda desarrollarse. Atrás han quedado los tiempos en que una competencia bilingüe aseguraba el trabajo de traductor, señores, porque va y resulta que el dominio del idioma es la base, no la meta.

Pero bien. Igual de antiguas que Sara Montiel y que esa noción de competencia traductora son esas clases de idiomas que consistían en, diccionario bajo el brazo, traducir textos de un idioma a otro como si no hubiera mañana. Las cosas cambian, y si no miren el desglose de lo que el grupo PACTE considera competencia lingüística. Para Hurtado et al la competencia lingüística estaría formada por, a saber,


conocimiento pragmático (convenciones pragmáticas en un contexto dado, con la finalidad de expresar y entender actos de habla)

conocimiento sociolingüístico (convenciones sociolingüísticas en un contexto dado, que incluirían conocimiento de registros y dialectos)

conocimiento textual (conocimiento de las convenciones correspondientes a los diferentes géneros textuales y a la producción de textos)

conocimiento gramatical y léxico (conocimientos de morfología, sintaxis, fonología, grafología y vocabulario)


El desarrollo de la competencia lingüística está ligado, nos guste más o menos, al desarrollo de la una competencia extralingüística en cuanto a conocimientos culturales, enciclopédicos y, en refinitiva, socioeconómicos de la cultura de la cual se aprende la lengua. Es imposible aprender inglés de forma abstracta, porque como hemos dicho ya mil y una veces lengua y cultura se imbrican hasta decir basta. Dicho esto, diré que tampoco creo a muerte en estos neo-profetas que confunden lo propio y lo ajeno y sostienen, con dos cojones, que los Estudios de Traducción se reducen a Estudios Interculturales. Miren que no quiero retirarles la palabra.

Pero en fin, que en clase de inglés -lengua- en la carrera ya nos iban apuntalando nociones útiles para posteriores años, detectar trampas en el textos, referencias, intertextualidades, y llevarnos de la manita para que la gramática y léxico inglés no acabara con nuestras vidas.

Y la cosa es que ahora, así, en la distancia, veo una metodología completamente diferente en España y aquí en Reino Unido. Para bien o para mal, y no me refiero ya a nivel universitario y mucho menos a TeI, España sigue anclada en la gramática. Mis niños hacían unos listenings que daban pena, porque no entendían ni papa; sus writings, para cortarse las venas; eso sí, una gramática impoluta. Y aquí en Reino Unido me desespero a veces porque mis niños no se saben los pronombres, o porque la palabra adjetivo les es completamente ajena. Pero luego veo que hablo, y que me entienden -más o menos, no nos engañemos-. Y que los exámenes de español de listening en nivel GCSE son muy muy complicados, vamos, que ni en segundo de bachillerato en España, y todos con examen oral.

No sé, veo deficiencias en la enseñanza del español en Reino Unido, pero también las veo en España. De hecho mi concepción ha cambiado mucho mucho mucho desde que estoy aquí. No son más listos mis niños en España, simplemente dominan diferente. Y aquí tengo alumnos que son unos cracks.

Les dejo con un vídeo guay que hemos visto hoy en clase. Amigos, amigas, gente del buen comer, si una cosa es cierta es que la conjugación de español es difícil.


Y decimos adiós, y pedimos a Dios



Hoy les escribo de luto, como lo oyen, por la muerte de Valentín García Yebra. Y es que por mucho que la muerte sea anunciada, y a los 93 años pues ustedes comprenderán que algo así tenía que pasar tarde o temprano, no es por eso menos dolorosa.

Por alguna razón que desconozco tengo una gran simpatía hacia García Yebra. De hecho creo que el primer libro sobre algo relacionado con la traducción que yo cogiera en la universidad estaba escrito por él. Además, mi profesora de español por aquel entonces, y de lingüística aplicada también, siempre lo tenía en boca.


Y además, no nos engañemos; alguien que se llama –o se llamaba- Valentín tiene que ser por fuerza alguien afable, digo yo. Porque el nombre Valentín es de origen latino, y significa “el que tiene gran fortaleza”. Y si además hacemos caso de las características que se le asocian al nombre nos encontramos con que García Yebra era una persona honesta y de buenos modales. Alguien que se interesaba por todo, observador e intuitivo. Una vez más, yo no lo conocía, pero me parece que la descripción podría haberle venido genial.


Y con este post yo quería rendirle homenaje de alguna forma, así que me puse ayer mismo a leer sobre su obra y milagros.


Y me enteré, porque no lo sabía, que el señor era la ene de la RAE desde 1984. Ser padre de la ene es complicado, y si no ya me contaran: ene tiene necesito (y más aun si hay un “te” delante), la ene del norte –ese que a veces se pierde-, pero también del necroturismo. Tienen ene los nerds, y los nazis, y nosotros. El poder que encierra el no tiene ene, y ene tiene mi némesis. También las ninfas, o la nebulosa, o la nintendo con que jugaba. Ene de naufragio (todo en ti fue naufragio), de narcotraficante, y de nula, porque si una cosa es cierta, es que la que es nula es nula.


Y García Yebra dedicó su discurso de entrada en la RAE a la traducción, a la "Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor", para ser exactos. Es un discurso largo, ya lo leerán, en el que se habla de la eternal dicotomía de la fidelidad, de la historia de la traducción y de procedimientos lingüísticos que usamos en traducción, como el calco, o el neologismo, o el préstamo.


Porque García Yebra se declara un neologista nato, y vive Dios que yo también, como ustedes ya saben. Y vaya por delante que el ser neologista es complicado, porque, en sus propias palabras, y por desgracia: No está al alcance de cualquiera adaptar a una lengua, fónica y morfológicamente, palabras de otra.


García Yebra se licencia en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y desde ese mismo momento empieza a relacionarse con el mundo de la traducción. No en vano su tesis ya recibe el nombre de “Las traducciones latinas de la metafísica de Aristóteles”. Ahí queda eso.


Y de ahí, obtener el Premio Nacional de Traducción en 1998 no había más que un paso, porque memorable fue, entre otras, sus ediciones trilingües (griego, latín y español) de la Poética y la Metafísica de Aristóteles.


En cuanto a traducción, pues bueno, de todo hay en la viña del Señor, y García Yebra tuvo unas cuantas publicaciones, entre las que se encuentran, entre otras, En torno a la traducción. Teoría. Crítica. Historia (1983), Teoría y práctica de la traducción (1984) o En torno a la traducción (1989).


Su artículo “Desajustes gramaticales” le valió el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes de la Asociación de la Prensa de Valladolid. Un artículo genial, si me lo permiten.


Y como tampoco quiero hacerlo demasiado largo, voy a dejarles con una reflexión acera de la didáctica de TeI del mismo García Yebra en el discurso que les mencionaba arriba. Y con esto me despido de ustedes por hoy:


(…) Mas, para poder exigir, habría que dar previamente. Habría que dar a nuestros traductores una formación sólida, una formación adecuada a lo que desearíamos exigirles. La piedra angular de esta formación tendría que ser un conocimiento magistral de nuestra lengua.

Desde hace una docena de años se han ido creando en España escuelas universitarias de traductores. Conozco el buen funcionamiento de alguna de ellas. Pero dudo que sus planes de estudio puedan dar a bachilleres bisoños el necesario conocimiento teórico y la destreza en el manejo del castellano que ni siquiera suele adquirirse durante los cinco años de una licenciatura.

Seamos, a pesar de todo, optimistas. Esperemos que nuestras autoridades docentes, antes de otros diez años, comprendan la importancia de la traducción para nuestra cultura y para nuestra lengua. Esperemos que se decidan a prestar el necesario apoyo a los Centros encargados de formar traductores. (...)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Todo el mundo odia a Peter Newmark

Hola amigas. Hoy es domingo, día del Señor y esas cosas. Y quiero de una vez por todas escribirles este post, que hace milenios que lo tengo en mente. Porque el título, intertextualidad a parte, deja ya claro de quién vamos a hablar hoy. Ni más ni menos que del profesor Newmark.

Para los que no lo conozcan -a estas alturas digo yo que nadie- Peter Newmark es un hombre venerable que vive en el sur de Inglaterra y que allá por los años 80 representó la casi totalidad de todo lo que se escribió sobre la traducción en lengua inglesa.


A mí, lo que me gusta de Newmark es que no se calla ni debajo del agua. Fíjense ustedes que yo todavía recuerdo cuando Calzada nos contaba la primera vez que había hecho una ponencia con el señor delante. Y es que, como dice ella misma a propósito de Newmark “o condona, o condena”, pero no deja a nadie indiferente.


Y eso hacía que le tuviera cariño, hasta que, claro, de repente leí una frase suya cargada de veneno hacia Seleskovitch. Porque yo, por Danica Seleskovitch MA-TO, y punto. Y que nadie me levante la voz.


Eso sí, hay que recococerle que en un mundo cargado de falsas apariencias, de te cito en mi artículo porque somos colegas pero en verdad te odio, Newmark dijo -y dice- las cosas claras. Pero claro, antes de disparar las flechas de la verdad, no le hubiera venido mal mojar las puntas en un tarro de miel.


La novedad que aporta Newmark al mundo es que maneja dos nombres para dos maneras de traducir: “comunicativa” y “semántica”, distinción que él mismo califica como su “contribución principal a la teoría general de la traducción” (1981, 62). ¿Ven a lo que me refiero? En realidad Newmark introdujo dos conceptos novedosos y decisivos en el avance de los Estudios de Traducción. Pero claro, nos pierde la boca y jugamos a las hipérboles, igual que a mí.


Hay por la web dos artículos muy buenos (éste y éste) en los que sus autores contestan a Newmark. En especial me ha encantado el de Pym, del que desde este momento me declaro fans absoluto.


Pero aun así Newmark me cae como bien, no sé. Supongo que es porque el hombre sabe de todo, y leer entrevistas suyas es de por sí una aventura. Y eso que su enfoque, tan lingüístico, tan anacrónico (desde mi punto de vista, claro) me estresa la vida, pero cuando leo frases del tipo:


I begin by reminding you that you have no right to improve an authoritative text (1988, 204)


pues me hace gracia, para qué les voy a engañar. Eso sí, con Seleskovitch no se mete nadie, vaya esto por delante.


Dice, por ejemplo, que gran parte del trabajo del traductor no debería tener nada que ver con el discurso (WHAT), sino con correspondencias mutuas. Y la prueba ¿irrefutable? es una traducción en la que hasta el 90% de los términos originales encuentran correspondencias literales.


Pero claro, una traducción al 90% no vale, y es en ese diez por ciento en el que entra en juego el factor humano donde se encuentra la clave de esas teorías de traducción que él mismo reniega con frases del tipo: "la teoría de la traducción no es ni teoría ni ciencia, sino un conjunto de conocimientos" (1981, 19). Con dos cojones.


Y poco más que decirles, a parte del hecho de que les quiero mucho y que me perdonen por no haber escrito en muchos muchos días. Y les recomiendo que lean a Newmark y le compren sus libros, que todavía hoy mucha mucha gente los usa como punto de referencia.


Hoy no se me quejarán de links, eh. Pues eso.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sobre la traducción subordinada

Muchos de ustedes me dicen que para reírse de los demás hay que empezar por reírse de uno mismo. Y, ¿saben qué? Que tienen razón. Porque a todo esto yo aún no les he hablado de mí y de mis circunstancias. ¡Unos dramas...! Sólo les diré que mi vida conjuga color y dolor, como las de todos ustedes (y si me dicen que no, mienten, igual que me mintieron a mí cuando en primero de carrera me dijeron que en TeI había mucha salida laboral).


Y no crean que es que tengo nada así jugoso que contarles, eh, porque hoy vengo a presentarles un vídeo de mí, sí, sí, como lo oyen, un vídeo en el que salgo cantando en una actividad de clase de Marta Renau, en mis tiempos de estudiante.


La canción, ya la verán ustedes cuando le den al PLAY, es una traducción hecha por un servidor del original en español al francés.


Y es que la traducción de canciones no es moco de pavo, oigan. Y no lo digo yo, que lo dice Rabadán, entre otras (nota del autor: Rabadán es una mujer, de nombre Rosa, por si acaso, como yo, pensaron en algún momento que era un hombre. Vean a tal respecto la "otra nota del autor", abajo.)


Y dice Rabadán (1991: 156-157) que:


La música moderna es un lenguaje universal y su difusión no se ve impedida por el elemento lingüístico extraño; sólo en determinadas ocasiones, algunas canciones o musicales, debido a su éxito, han sido traducidos para ser cantados por otros cantantes o grupos, o bien para ser cantados por el mismo cantante para abrir nuevos mercados.


Vamos que la música es como muy del sentimiento y que se nos puede poner la piel de punta lo mismo con un tango en español o en japonés.


Y además Rabadán diferencia entre lo que es la traducción de canciones modernas (canciones en general, señores, que miren que hay veces que a los traductólogos les gusta decir cosas raras) y la traducción de musicales y óperas (por la carga teatral que presentan, oigan). Esto es un poco más discutible, porque ¿dónde meto entonces las canciones de cantautores en las que también hay un carga emocional a nivel semático brutal? Piensen en el disco Serrat canta a los poetas, por ejemplo.


En la traducción de canciones para ser cantadas se conjuga el código lingüístico y el musical, con lo que el traductor ha de subordinar la traducción de ese código lingüístico a los compases musicales y crear sintonía entre música y texto. Y de ahí que, puestos a sacrificar uno, pues sacrifiquemos la letra y metamos tijeretazos a la canción para que Hips don´t like se convierta en Será será.


Ahí queda eso, señores. Y que sepan que todo eso lo hicimos en clase con la profesora Renau. Una maravilla, oigan. No saben lo que echo de menos sus clases.


Les animo a que traduzcan sus canciones favoritas, y ya me cuentan lo difícil que es eso de la traducción subordinada.


Y sí, este vídeo ya ha sido enviado a los Mohedano, que nunca se sabe de dónde va a sacarse uno el pan el día de mañana.


Nos vemos.


Nota del Autor (la segunda, qué sin vivir): He intentado subtitular el vídeo, pero como que no he podido. Soy bastante lego en estos temas. Y como diría mi abuela, lo siento pero no puedo llorar. Si a alguien le apetece yo gustosamente les paso las letras y demás.

Otra Nota del Autor: Si pensaba que Rabadán era un hombre no era por otra cosa sino porque al leer citas suyas nunca aparecía el "Rosa", con lo cual mi mente falocéntrica sumisa a esta sociedad falócrata en que vivimos me impulsó a pensar que era un hombre. Y por eso me fustigo lentamente. Me pasó con Nord, con Baker y con mil más, no se vayan a pensar, ni a confundirse.


video

martes, 23 de noviembre de 2010

Treballar





"s. XII; del ll. vg. *tripaliare 'torturar', der. de trĭpalium 'mena de cep o instrument de tortura', comp. de tres 'tres' i palus 'pal', pels elements que integraven l'instrument; la idea de patir tortura va contaminar la de laborar o obrar, i en plasmà pejorativament l'esforç que implica"


Es gracioso cómo evolucionan las palabras, de ésas que Grijelmo decía que venían en cerezas, de dos en dos agarradas por el rabito, como soltero y solitario, o acuerdo y acorde o sinistra y siniestra.


También es divertido pensar que libido está relacionada con la voz alemana liebe, la que da vida al amor. Y es que en las lenguas germanas el amor está relacionado con la ele. Love, en inglés, la alemana liebe, liefde, en holandés...


Todo esto viene del indeuropeo, no se crean, en concreto de la raíz *leubh: amar, desear, y de ahí a nuestra libido, un paso oigan.


Pero ¿y el amor, así, a la española? O a la francesa amour, o a la italiana... Pues bien, ésa es otra historia. La raíz del amor también está en el indoeuropeo, en *ma, madre.



Hay una coincidencia notable que se extiende a través de muchos idiomas de origen diverso, indicando que las palabras que designan a la madre, con una frecuencia que desafía las leyes de probabilidad, presentan una M . En lenguas remotas dentro del grupo indoeuropeo, como el hitita, el nombre de la diosa madre era mamma . Pero debemos pensar que la tendencia va más allá del indoeuropeo y se remonta probablemente a una lengua madre originaria. Em y Ab , en hebreo, significan respectivamente madre y padre. Paralelamente, encontramos muchi y fuchi en chino; en quechua, madre se dice ma ; en tupí-guaraní, amotá es amar, desear, amotó , pariente, y amú , hermana. Estos datos -a los que pueden agregarse muchos otros- parecen apuntar a la existencia de una lengua madre en la que se anudaría el indoeuropeo con otros grandes grupos lingüísticos y de donde derivarían ciertos gestos lingüísticos primordiales. El gesto de adelantar los labios para producir esta sonorante nasal se asocia sin dificultades con el acercamiento de la boca del niño al pezón materno. Es también el gesto necesario para el beso


¿Cómo se quedan? Yo que venía a hablarles de la tortura del trabajar y al final va y les publico una oda lingüística al amor. Si les interesa el tema les recomiendo este libro. Una maravilla, oigan.


Y poco más por hoy. No sé. Ya me dicen.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Premio Francisco Ayala de traducción



Queridos míos, déjenme que les haga otro anuncio corto, igual de corto que el que les incluía ayer. Sé que queda ya muy poco tiempo, pero a la vez se que los traductores que leen este blog

  1. Lo leen a diario, con lo que la convocatoria les llegará hoy mismo a sus casas y


  2. Son traductores de garra, de esos que se ponen a traducir que es no parar, oigan

Así que sin darles más vueltas les presento la sexta convocatoria del premio Francisco Ayala de traducción. Pueden ustedes leer las bases del certamen aquí mismo, y los textos propuestos para este año también por aquí y aquí.

Les adelanto, eso sí, que a partir de este año no se ofertan todas las modalidades lingüísticas en cada convocatoria, sino que se ofertarán de dos en dos. Este año toca alemán e inglés.


Y más importante que todo eso, ¡este año va de poesía! ¿Qué les parece? No me negarán que les estoy dando una oportunidad brutal de lanzarse al mundo de la creatividad y de la imaginación, eh. Una maravilla, oigan.


Eso sí, no me sean malas putas y no se me presenten a la modalidad de ingles, que este año voy a ver si me presento, que el año pasado traduje el texto por el texto, y no por el premio ni nada. Prueba de ello es que nunca lo envié (pa matarme)


Y poco más que contarles, les deseo una buena traducción de poesía germana.


¡Ah bueno! Que se me olvidaba, que a riesgo de caer en la dedicatoria continua de nuestros posts, me hubiera gustado dedicarle este pequeño anuncio a una grande de la traducción y a la sazón amiga de una traductora de éxito amiga mía, Judit. Pero desafortunadamente en este momento no tengo más datos de ella, perdónenme. Sin embargo, Yeyu, te prometo que te dedico otro; eso sí, esta vez en condiciones.

Unidades de traducción verticales


Después de mucho tiempo sin escribir, vengo hablarles de un concepto teórico que me parece muy interesante: la unidad de traducción (UT). Concretamente de la UT desde el punto de vista funcionalista. Se preguntarán «¿y a ésta que le ha picado ahora?». Pues es que estuve leyendo unos artículos de nuestra querida Christiane Nord (en la foto; ¡ah! por cierto, les recomiendo releer los posts que ya le dedicó Roberto cuando estuvo por la UJI de visita) y me entraron ganillas de contarles cosas sobre este tema.


Desde que a los traductores les dio por convertirse en traductólogos se ha dicho mucho sobre la UT y, como siempre, cada uno ha dado su opinión y si les gusta bien y si no pues busquen a otro teórico, que los postulados son diferentes pero igual de válidos.


Según lo propuesto por Vinay y Dalbelnet, dentro de la corriente de la estilística comparada, la UT es el segmento más pequeño de enunciado que puede traducirse. Casi lo mismo opinaba Otto Kode, de la escuela traductológica de Leipzig: la UT es el fragmento más pequeño de texto origen que puede sustituirse por otro equivalente en lengua meta.


Desde el punto de vista de la lingüística, Barchudanow defendía, por allá por 1979, que la UT se puede encontrar en todos los niveles del habla; y Koller (1992), que puede encontrarse tanto en unidades pequeñas —como la terminología, los sintagmas u oraciones— como en el texto completo.


Cuando la lingüística se separó un poco del papel, vio que había algo mayor y apareció la lingüística textual, el enfoque se tornó más pragmático. Neubert, también de la escuela de Leipzig, define la UT como un «entidad pragmático-lingüítica». Reiss y Vermeer afirman que la UT primaria es el texto.


Según el enfoque psicolingüístico de König y Krings, basado en investigaciones de centradas en el traductor, llevadas a cabo con ejercicios del tipo TAP (Think Aloud Protocols), la UT no existe como tal, cada individuo se forma por intuición sus propias unidades según sus capacidades lingüísticas y traductoras. (Por cierto, me declaro fan incondicional de todos aquellos traductólogos y, por extensión, teóricos de cualquier disciplina, que llegan y dicen «lo que estamos investigando no existe» y se quedan tan anchos.)


Dentro del enfoque funcionalista, algunos autores como Newmark proponen que la UT debe ser lo más pequeña posible; otros, como Bassnett o Lefevere, defienden que incluso «la cultura» puede ser unidad de traducción («¿Estamos locos o qué?», digo yo al respecto).


Y entonces llega Nord y nos hace ver que todos los enfoques anteriores consideraban la UT como algo «lineal», un fragmento de texto desde una palabra determinada a otra. Y, en realidad, según la traductóloga alemana, no tiene por qué serlo.


Nord da un vuelta más de tuerca al debate y nos propone la existencia de «unidades verticales». ¿Verticales? ¿Mande? En realidad es muy sencillo: si analizamos el texto en su totalidad podremos encontrar diferentes elementos con funciones comunicativas —referencial, expresiva, apelativa, fática— similares.


Además, en el texto encontraremos por fuerza indicadores de cada función, que pueden estar representados en diferentes niveles del texto: textual —macroestructura—, oracional —indicadores sintácticos—, en el nivel de la palabra —indicadores léxicos—, o incluso en el del morfema —indicadores morfológicos—. Por lo tanto, cada «red» de elementos que comparten una función será un unidad de traducción vertical, sean estos elementos indicadores del tipo que sean.


Nord propone que en proceso de traducción se identifiquen, en primer lugar, los indicadores funcionales relevantes para el texto meta y que, posteriormente, se decida si pueden emplearse tal cual o deben adaptarse, ya que los indicadores funcionales obedecen a convenciones específicas de cada cultura.


Dado que cada función puede señalarse en el texto en diferentes niveles y con indicadores también diferentes, el traductor deberá «intentar respetar» las funciones comunicativas en la proporción en la que aparecen en el texto origen, sin necesidad de traducir cada elemento uno por uno. Lo ideal es identificar las funciones representadas en el TO y reproducirlas en el texto meta con los indicadores funcionales propios de la cultura de la lengua meta. Así mismo, es preferible reducir la cantidad de indicadores funcionales y evitar enunciados extraños para la cultura meta.


Por lo tanto, al intraducibilidad desaparece. Un ejemplo, es el caso de fenómenos textuales como podrían ser los juegos de palabras, que podrían traducirse sin problemas por otro fenómeno con la misma función comunicativa.


Nord plantea también este enfoque funcionalista en la enseñanza de la traducción, donde propone que se motive a los alumnos para que se centren en las funciones del lenguaje y se consiga, de este modo, lograr naturalidad y funcionalidad.


Pues eso, que si están de acuerdo con Frau Christiane, más fijarse en las funciones comunicativas y menos en si este chiste lo traduzco por otro igual.


martes, 9 de noviembre de 2010

PANACEA: prácticas en la UE

Hola amigos
Hoy no vengo a contarles así nada como muy teórico, porque, como ustedes bien sabrán, de algo tenemos que vivir ¿no? Que yo, o al menos yo, aún no soy capaz de comer palabras, ni tan siquiera las más calóricas (chocolate, merendar o bollo) aún...
Se han convocado prácticas de traducción en la UE. Si no se lo creen, miren aquí.
Los requisitos son los que siguen:
  • ser nacional de un Estado miembro de la UE o de un país candidato (Croacia, la Ex República Yugoslava de Macedonia o Turquía)
  • haber cumplido 18 años en la fecha de comienzo de las prácticas;
  • no haber disfrutado de ningún otro periodo de prácticas remunerado, ni haber desempeñado un trabajo remunerado durante más de cuatro semanas consecutivas, en una institución europea o en un grupo político o en el gabinete de un diputado al Parlamento Europeo;
  • haber finalizado, antes de la fecha límite de presentación de las solicitudes, estudios universitarios de una duración mínima de tres años avalados por un título;
  • tener un perfecto conocimiento de una de las lenguas oficiales de la Unión Europea o de la lengua oficial de un país candidato a la adhesión y un conocimiento profundo de otras dos lenguas oficiales de la Unión Europea.

Son sólo tres meses, pero menos da una piedra, ¿no? Pues eso, a trabajar en instituciones todo er mundo.

Y como me gusta que se lo pasen bien, pues de paso les dejo un vídeo, pa que lo disfruten, pa que se enamoren. El vídeo se lo dedico a Lena, traductora en ciernes por la universidad Jaume I, gran artista y mejor persona:


viernes, 5 de noviembre de 2010

EMERGENCIA: La RAE se vuelve loca



Buenas tardes. Les escribe el comité de crisis de re-belle en el que, por desgracia, su co-autora está ausente. Les prometo que la he llamado, pero debe de estar educando a la juventud inglesa. Les advierto desde ya que éste es un post no neutro (bueno, en realidad nunca lo son), les advierto que el contenido del mismo no es políticamente correcto, es subjetivo, rápido y basado en mi criterio personal. Señoras, señores, pretendo darles mi opinión al respecto sin darles lecciones de moral y mucho menos de lingüística. En algunas cosas estarán de acuerdo; en otras, no. A mí, francamente, me da igual.

Para los que esto de la reforma les venga de nuevo, les comento que la RAE ha buscado el consenso panhispánico entre las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. Este miércoles pasado, en San Millán de la Cogolla (la Rioja) se aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. Ya sólo falta su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias.


Los cambios más destacados son los que siguen:


-Nombres de las letras. Algunas letras cambian de nombre:


    • La Y pasa a llamarse “ye”


    • La I se llamará “i”, y no “i latina”


    • la B pasa a llamarse “be”, y no “be alta”


    • la V se llama “uve”, y no “be baja”

El único cambio que me afecta a mí como hispanohablante es el de la y griega, porque aquí por España siempre hemos llamado "be" a la b y "uve" a la v. ¿Me molesta? Sí, y mucho. Me pregunto por la necesidad de unificar criterios. ¿Hay algún problema en que llamemos de formas diferentes a la misma? ¿Quiere decir que a partir de ahora los mejicanos llamarán melocotón al durazno? Lo digo por unificar... Y lo mismo con miles de palabras que usamos aquí y no allá, o viceversa. Sin ir más lejos una alumna de origen mejicano me ha dejado muerto hoy en clase al referirse a la ducha como “regadera”. Ahí queda eso. Y yo no la he corregido, ¿por qué iba a hacerlo? Que ella hable como quiera, y por esa misma razón quiero seguir llamándole a mi Y, i griega. Y punto pelota.

- Ex presidente/expresidente

A partir de este momento el ex se nos junta a la palabra, señores; salvo cuando la palabra sea doble, como ex primer ministro. Esto me parece un despropósito y por mucho que lo intento no entiendo el porqué del cambio. No veo la motivación, no veo cómo la lengua mejora con eso. En refinitiva, no lo veo. Y no pienso respetarlo.


-La Ch y la Ll no son letras

Bueno, ¿y cuándo lo han sido? Para mí siempre han sido dígrafos... No sé.


-Sólo/solo y este/éste


Desaparecen los acentos con un claro afán de clarificar. Pollas. Así de claro. Desaparecen los acentos porque en vez de invertir en educación, en vez de enseñar a nuestros niños a leer y a escribir, preferimos rebajar la lengua a las necesidades de la población. Y que venga alguien y me diga lo contrario, que es mentira. Dejar en manos del contexto el saber qué narices es un “solo” que aparece en una frase es empobrecer la lengua, y punto. Miren la frase: ¡Estuve en casa solo! Y ahora díganme a qué me refiero, si estuve sin nadie más o si no me moví de casa en toda la tarde.


-Guion/guión, truhán/truhan


Con esto tuve un rifirrafe en mis primeros cursos de carrera, y tampoco me viene de nuevas. La verdad es que yo para estas cosas soy bastante conservador y me gusta escribir acento en las palabras, pero si les soy sincero entiendo el planteamiento de la RAE: esas palabras son monosílabas, y por lo tanto no deberían acentuarse. Y se lo digo yo, que hago una clara diferenciación en la pronunciación de las anteriormente conocidas dos sílabas de guión, ups, de guion.


-4 o 5/4 ó 5


¿Desaparece el acento? Me parece genial que desaparezca cuando escribimos a ordenador, porque no hay forma posible de confundir la o con un cero, pero ¿a mano? WHAT.


-Lo de la C y la K y la Q


Si me lo preguntan... ganas de tocar los cojones. Y punto.


Visto lo visto, y leído lo leído, no voy a ponerme a lanzar bombas incendiarias contra la RAE; bueno, no voy a lanzar más bombas incendiarias de las que lanzo habitualmente. No me gusta la RAE y no me gustan ni sus propuestas de unificación con otros españoles del mundo ni sus ideas de bombero referidas a aceptar nuevos términos idiotas como oenegé.


Por esas mismas razones yo utilizo el DRAE como un diccionario de uso, como el María Moliner o el Martínez Seco. Ni de lejos un diccionario normativo. Y si se dan cuenta en este post no he utilizado sus nuevas reglas. Ya lo dijo en su día Fernando Fernán Gómez.


Espero sus comentarios.



jueves, 4 de noviembre de 2010

Los corpus son el nuevo negro


Pues si, como lo oyen. Para esta temporada se llevan los corpus en traducción, así que vayan haciendo hueco en sus discos duros que se lo estoy avisando desde ya. Y esto no lo digo yo, que lo sepan, que si no miren a ver que seguro que encuentran, que hasta Peter tiene un corpus de lo que sea.

Si les soy sincero, yo no tengo ni idea de informática y demás. Que quieren que les diga, será que soy vintage y paso de estas cosas; así que me permitirán que les hable, en boca de la doctora Baker, del porqué de esta moda. Resulta que, y tiene toda la razón, hasta este momento se publicaban estudios de todo tipo en los que difícilmente podíamos refutar nada (vaya usted a leerse toda la literatura al respecto –en el/los idioma/s que sean-, todas las fuentes, repase el estudio, encuentre fallos y luego vaya y se lo cuenta al investigador en cuestión). Pero con esto de los corpus todo es transparente y directo y si Peter dice que ha encontrado un patrón concreto en los procedimientos de cohesión lingüística en la traducción de textos de mecánica del ruso al serbocroata, pues en un momento puedo comprobar lo que dice y o bien quitarme el sombrero o tirarle el estudio a la cara. Fácil y sencillo, y si no queda satisfecho le devuelven el dinero.

Y es que claro, a través de corpus podemos estudiar un montón de cosas:

-El estilo de un traductor, por ejemplo

-Los deslizamientos/shifts que se observan en el texto de partida y de llegada

-Estudios históricos (patrones y la evolución de los mismos durante el siglo XX)

-Estudios forenses que determinen si una traducción es plagio de otra o no

-O el estudio y comparación de originales y traducciones y ver si es cierto que podemos distinguir cuál es cuál, por ejemplo

Respecto a este último punto, al analizar originales y traducciones entre el TEC y el BNC, miren ustedes qué datos más curiosos salen sobre cómo se traduce el reported speech hacia el inglés y qué hacen los autores originales en su día a día:


REPORTED SPEECH

WITH “SAID”

Translational English Corpus

British National Corpus

THAT

46.5 %

19.2 %

ZERO

53.5%

80.8%


Como pueden observar, los traductores hacia el ingles gustan de utilizar ese THAT tan voluntario (un 46.5%, para ser exacto), yendo a contracorriente de lo que los nativos de lengua inglesa hacen con su lengua, en el que solo el 19.2% de los casos optan por utilizarlo.

Podríamos discutir a muerte las razones de por qué esto sucede, que si al ser una actividad más formal los traductores deciden incluir el THAT, que si es que tenemos una voluntad intrínseca de clarificar las cosas y con el THAT queda más claro, que si cobramos por palabra y que al usar el THAT estamos sacando más dinero… Busquen ustedes la que más les guste.

La cosa es que los corpus son bien, y éste del que les hablaba, el Translational English Corpus, tiene ya unas diez millones de palabras traducidas al inglés y accesibles a las gentes de Dios.

Desde aquí les animo a crear sus propios corpus y estudiar cosas. Quién sabe, ustedes podrían ser la nueva Sara Laviosa.


IPCITI 2010




Queridas, queridos, gentes del buen comer, tengo que decirles que esta semana pasada estuve en un lugar en el que la hierba es más verde, un lugar templado, húmedo y salvaje, en el que algo debe de haber en sus aguas, se lo aseguro, porque de otras, no lo entiendo. (Una vez más, si no captan la intertextualidad no sigan, gracias).

En refinitiva, que estuve en el IPCITI 2010 (de ahora en adelante, piticli 2010). El Piticli es un congreso que se organiza desde hace seis años para gentes que se aburren, y en medio de sus doctorados, deciden hacer ponencias y presentaciones. Lo organizan la Universidad de Edinburgo, la Dublin City University, la Heriot-Watt University y la Universidad de Manchester, y gracias a sus esfuerzos en conjunto se brinda la oportunidad a jóvenes investigadores de compartir y hacer público el objeto de sus investigaciones entre compañeros de profesión. Además, el Piticli sirve para rellenar agenda y crear contactos, no se vayan a engañar.


Y dicho esto, les diré que me lo he pasado pipa en el Piticli 2010, y creo que no es arriesgar si digo que Marta también. Y Cris, de la que ya les he hablado otras veces, pues tres cuartos de lo mismo. Porque, ¿qué quieren que les diga? Uno no conoce todos los días a la doctora Baker, eh, que a mi casi me da un vahído, ni cena con jóvenes promesas de la traducción que investigan sobre el concepto de Grecia a través de la traducción de la literatura griega durante su dictadura, o sobre traducción audiovisual, censura y franquismo (y no se crean, que la moza pertenecía a una universidad noruega), o sobre las mujeres traductoras del Corán, o sobre la traducción de la publicidad...


Pues eso, que me parece que durante estas próximas semanas les bombardearemos con posts sobre el congreso y los temas que tratamos en el, aunque como avanzadilla les diré ya que la doctora Baker tiene un color de voz así como caoba, con un acento exótico que hipnotiza. Y poco más me queda por decir hoy, además de felicitar desde aquí al equipo organizador, en especial a María, que nos recibió con los brazos abiertos en el Piticli desde el primer momento.


Seguiremos informando.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Localización ¿Lo... qué?


Cuando das tus primeros pasos en el mundillo de la traducción empiezan a resonar en tu cabeza palabras totalmente nuevas, te sumerges en un torbellino de terminología específica y te arrastra una ola de jerga incomprensible. Unos meses después del pánico inicial, comienzas a mantenerte a flote entre tanto concepto incomprensible y poco más tarde ya eres toda una Gemma Mengual y puedes dar piruetas de texto en texto como pez en el agua.

Y sólo entonces es cuando localización comienza a tener un significado especial. Ya no se trata de situar un punto en el espacio o de buscar exteriores como setting de un rodaje. La localización tiene mucho que ver con nuestro ánimo, es más, se trata concretamente de la traducción de software, páginas web y otros productos multimedia del estilo.

«¿Y por qué localización?» se preguntarán algunos lectores. Localizar un programa informático consiste en adaptar su contenido a la cultura local del receptor meta. No se trata pues de una mera traducción de la información lingüística, del paso de la lengua origen a la lengua meta. La localización implica un proceso más elaborado en el que también entran, entre otros, la programación, la maquetación o el diseño. En esto son expertos nuestros colegas del equipo de investigación TecnoLeTTra —no, no me he vuelto una shiKiya cAnI, se escribe así— que ofrecen en la Universitat Jaume I el máster en Localización y Tecnologías de la Traducción TECNOLOC.

Yo sólo les voy a enseñar unas pinceladas sobre este mundillo, luego ya si quieren se matriculan en el máster, que seguro que es muy interesante.

La localización de software comprende diferentes subtareas, a saber:

· Traducción de la caja del software —sí, señores, ese trabajo lo lleva a cabo un traductor— y de todos los documentos que van en ella: guía del usuario, tarjeta de registro del producto, etc.

· Localización de la aplicación.

· Localización de la ayuda.

El primer punto entraría dentro de lo que sería un proceso de traducción «normal». Eso sí, el contenido del packaging suele cambiar por fuerza, ya que los temas relacionados con la garantía y seguridad del usuario son diferentes de un país a otro. Por ejemplo, los manuales de instrucciones norteamericanos siempre incluyen numerosas advertencias de seguridad, que en muchas ocasiones son obvias o incluso ridículas para el usuario español. ¿La razón? Los estadounidenses son capaces de demandar a su abuela si se queman con la sopa caliente, así que las empresas se curan en salud a la hora de redactar las instrucciones de los diferentes productos.

Papeleo a parte, ¿se han preguntado alguna vez cómo se traduce la interfaz de un programa informático?

Lo crean o no, tanto la aplicación informática como el archivo de ayuda requieren herramientas muy específicas que nos permitan separar el texto traducible del texto escrito en lenguaje de programación, porque se borra sin querer un símbolo de mayor qué o una barra y… bye bye, miss american file.

El uso de herramientas informáticas específicas —como Alchemy CATALYST o PASSOLO— permite al traductor realizar su trabajo y comprobar al mismo tiempo dónde se encuentra cada fragmento de texto y cómo va quedando el producto final. Fíjense en esto: de nada serviría ir traduciendo las palabras sueltas de la interfaz o los posibles mensajes de aviso, error, etc. si no sabemos dónde nos vamos a topar con ellos. Una traducción hecha al tuntún sólo nos llevaría a mensajes, gramaticalmente incorrectos, confusos o incomprensibles.

Interfaz de Alchemy CATALYST


Mención a parte merece la traducción de las teclas de acceso rápido o los atajos del teclado.

Cojamos por ejemplo la aplicación Word de Microsoft cuando se usa con Windows (el caso del Microsoft Office para Mac OS es diferente).


Español

Inglés

Guardar

Cntr+G

Cntr+S

Save

Negrita

Cntr+N

Cntr+B

Bold

Subrayado

Cntr+S

Cntr+U

Underline


Pero aún hay más: si son usuarios de Windows se habrán fijado que en las palabras de los diferentes menús de la interfaz hay casi siempre una letra subrayada. Esto sirve para desplegar el menú de forma rapidísima con la tecla ALT y poder olvidarse del ratón para siempre. Pues bien, eso también hay que traducirlo, porque como verán ustedes, no es lo mismo Abrir que Open o Herramientas que Tools.

Ejemplos de este tipo hay miles, les invito a pasearse por sus aplicaciones y a reflexionar sobre la dificultad que puede llegar a suponer la localización de software. Y no se crean que esto acaba aquí, porque los videojuegos también se localizan, pero la explicación me la reservo para próximos posts, porque eso sí que es jugar en otra liga.