jueves, 6 de enero de 2011

Oro, incienso, mirra y una edición bilingüe

Antes que nada: ¡FELIZ AÑO 2011! Dicen que «año nuevo, vida nueva»; así que me van a permitir subirme, de nuevo, al carro de este blog. Les pido sean benévolos con mis posts que aún no tienen el rodaje de los de Rob*.

Como este año he sido una niña buena, los Reyes han llegado cargaditos de regalos y vengo a contarles sobre uno de los que más ilusión me ha hecho. Se trata de una edición bilingüe del clásico Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, traducido por Helena Cortés Gabaudan y editado por Abada Editores.

Para aquellos menos doctos en la materia que nos ocupa, explicaré que una edición bilingüe es aquella que presenta tanto el texto en idioma original —en las páginas impares— como su traducción —en las páginas pares— de modo que vemos los párrafos de TO y TM alineados.

No sé muy bien por qué, siempre me han fascinado las ediciones bilingües. Supongo que será porque en el mismo volumen se ven original y traducción y ésta no pretende substituir al TO en la cultura meta, ambos coexisten sin mayor problema.

En nuestro país hay una ingente cantidad de literatura traducida, pero encontrar ediciones bilingües no es tan fácil. Normalmente, las obras que se presentan en este formato suelen ser grandes clásicos de la poesía y el teatro —yo misma, admiradora de estos volúmenes, sólo tengo, además de ésta de la que vengo a hablarles: Poeta en Nueva York, de Lorca, y La divina comedia, de Dante Alighieri—.

Este tipo de ediciones no suelen ir dirigidas al gran público. Seamos sinceros, por muy bonito que sea, si no se tiene ni papa de alemán (en este caso), tener el original junto a la traducción es un tontería; y, del mismo modo, si se comprende el idioma original ¿por qué buscar la traducción? Pues bien, el receptor prototípico de una edición bilingüe sería, por ejemplo, alguien que conoce ambas lenguas y está interesado en estudiar la obra original. De hecho, se conoce como traducción erudita o anotada a aquellas traducciones que presentan comentarios filológicos o históricos (Hurtado, 2001).

Después de pensar un rato, he llegado a la conclusión de que el hecho de que se presenten ambos textos de forma conjunta puede plantear un problema al traductor a la hora de elegir las estrategias para llevar a cabo el encargo, ya que el receptor ideal de la edición será muy exigente con el producto final de la traducción. Lo mismo ocurre en otras ocasiones en las que podemos acceder a los dos textos —origen y meta— al mismo tiempo, como en el caso de los subtítulos. ¿Cuántos de ustedes han puesto el grito en el cielo al comprobar que lo que se decía en pantalla era algo diferente a lo escrito en los subtítulos? Apuesto a que unos cuantos. Por esta razón, los subtítulos suelen ceñirse mucho al TO; y lo mismo ocurre con esta edición de Fausto.

Como toda traducción de estas características, va acompañada de un largo prólogo en el que se explican las decisiones tomadas a la hora de traducir el libro. Una de ellas es esa búsqueda de «la fidelidad más absoluta a la letra», la traducción literal, el literalismo; métodos traductores que, según nos han enseñado, debemos mirar con suspicacia. Además, esta obra tiene la gran dificultad de estar prácticamente toda rimada y con diferentes estilos, que Goethe no eligió de forma aleatoria. Es decir, los diferentes estilos expresivos se adaptan a los personajes y las escenas —pero, ojo, no se crean que todos los lectores alemanes se dan cuenta de esto— por lo que podemos encontrarnos con tercetos encadenados, versos de obra menor, trímetos griegos… Así mismo, en esta edición se ha intentando cuidar la máximo esta característica, incluso buscando no faltar a las alternancias y encadenamientos de las rimas: ab–ab, aa–bb, abc–abc…

Cuantas más vueltas le doy, más me asombro. Sólo puedo decirles una cosa: señores, me quito el sombrero ante los traductores que persiguen plasmar la riqueza plástica y estilística de los textos originales, aunque parezca a priori una tarea más difícil que la del transvase del contenido. Sin duda el traductor se convierte en poeta. Y hasta aquí mi reflexión.

Pasen una buena tarde y disfruten, que mañana ya es laborable.

2 comentarios:

Isa dijo...

Y tanto que es como para quitarse el sombrero...mare meua...

Olga dijo...

Me encanta. Florian me va adejar el libro en alemán pero me parece que mi comprensión escrita de alemán del Herr Goethe no va a llegar más lejos de la segunda página.

Se puede conseguir en cualquier librería si lo pido, no?

Un beso sigue así!