martes, 25 de enero de 2011

La mujer que escribió un diccionario


Señoras, hoy se cumplen 30 años de la muerte de la gran María Moliner, la señora de las palabras, aunque de esto en la tele hayamos visto más bien poco.

Fíjense ustedes que el María Moliner es, de entre todos los diccionarios que tengo por casa, al que más cariño le guardo. Y no sé por qué, la verdad, pero de vez en cuando me gusta cogerlo de la estantería, mirarlo, hojearlo y volverlo a dejar. Manías de uno, supongo.


A propósito de diccionarios leí hace muchos muchos años el siguiente texto de García Márquez, del que en concreto quiero mostrales un trocito:

(…) Es lo que me sucedió con el diccionario de la lengua. Nunca lo vi como un libro de estudio, gordo y sabio, sino como un juguete para toda la vida. Sobre todo desde que se me ocurrió buscar la palabra amarillo, que estaba descrita de este modo simple: del color del limón. Quedé en las tinieblas, pues en las Américas el limón es de color verde. El desconcierto aumentó cuando leí en el Romancero Gitano de Federico García Lorca estos versos inolvidables: En la mitad del camino cortó limones redondos y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro. Con los años, el diccionario de la Real Academia –aunque mantuvo la referencia del limón– hizo el remiendo correspondiente: del color del oro. Sólo a los veintitantos años, cuando fui a Europa, descubrí que allí, en efecto, los limones son amarillos. Pero entonces había hecho ya un fascinante rastreo del tercer color del espectro solar a través de otros diccionarios del presente y del pasado. El Larousse y el Vox –como el de la Academia de 1780– se sirvieron también de las referencias del limón y del oro, pero sólo María Moliner hizo en 1976 la precisión implícita de que le color amarillo no es el de todo el limón sino sólo el de su cáscara. (...) Todos los diccionarios juntos, por supuesto, no le daban a los tobillos al más antiguo, compuesto por don Sebastián de Covarrubias, que había ido más lejos que ninguno en propiedad e inspiración para identificar el amarillo: Entre las colores se tiene por la mas infelice, por ser la de la muerte y de la larga y peligrosa enfermedad, y la color de los enamorados


¿No les encanta el texto?


Y es que Moliner, no me lo irán a negar, ocupa un lugar importantísimo en la historia de nuestros diccionarios, no se vayan a creer. «Mi único mérito es el diccionario», decia ella, pero todos sabemos que, aunque eso fuera cierto, que no lo es del todo, sentarse a escribir un diccionario no es tarea fácil, ni corta, sobre todo cuando el resultado es, ni más ni menos, una joya de la lexicografía de la lengua española.


Digo que no es cierto porque María Moliner tuvo una gran actividad en el frente cultural durante la República y en plena Guerra Civil, e incluso trabajó en las Misiones Pedagógicas para llevar algo de culturilla a los españolitos de a pie, oigan.


El Moliner, además, introdujo una nueva ordenación alfabética al considerar como letras simples a la CH y a la LL. Polémico, un rato, pero es algo que la Real Academia acabó aceptando en 1994, mucho más tarde que la propia Moliner.


Y no sólo eso, que el Moliner tiene algo que el DRAE nunca podrá tener, porque mientras este último se dedica a coleccionar palabras de segunda mano, de ésas que ya las dice hasta Peter, gastadas y usadas por propios y ajenos hasta decir basta; el María Moliner se propuso recolectar las palabras mientras aún estuvieran frescas, recién salidas del horno. Un criterio diferente, desahogado por no tener que responder a siglos de tradición académica y dinosáurica.


Dijo también García Márquez, ahora en otro artículo, que Moliner


(…) hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Se llama Diccionario de uso del español, tiene dos tomos de casi 3.000 páginas en total, que pesan tres kilos, y viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y -a mi juicio- más de dos veces mejor. María Moliner lo escribió en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria, y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines (...)


No quiero hacerlo muy largo porque tampoco quiero abusar de su tiempo de lectura, pero les diré que si algo echo en falta cuando hojeo el Moliner son las malas palabras. Y no me negarán que en nuestra lengua haylas, y muchas. Es el único pequeño comentario negativo que les puedo hacer, créanselo.


De hecho mientras escribo me da penica decirles eso de las malas palabras, fíjense ustedes hasta qué punto un servidor, ser de lengua bífida por antonomasia, le tiene cariño al diccionario.


Les dejo con una biografía también, que no tiene desperdicio.


A más ver

5 comentarios:

mirror dijo...

Como una vez leí no recuerdo dónde, las figuras de la cultura sólo llegan a primera página cuando mueren, y qué tristemente cierto es eso. Tampoco ayuda, y me perdonarás por el comentario ligeramente controvertido, que Moliner fuera una mujer.

Rob* dijo...

Mire: ¿"me perdonarás por el comentario ligeramente controvertido"? WHAT? No querrás decir que "la sociedad falócrata del momento pasó del gepeto de María Moliner, panda de hijos de una hiena"?

Como alguien me dijo a mí mismo: has de adecuar el tono y el tenor, mujer. No te me pongas exquisita con las palabras :-)

Juanola dijo...

Me encanto este post!!! La verdad es que nunca me había puesto a pensar que el diccionario Maria Moliner se llama así porque lo escribio una unica señora.....

"Señoras que escriben diccionarios"...

Enhorabuena hombre de lengua bifida :)

Rob* dijo...

Juanola: guiño, guiño.

mirror dijo...

Sí, quería decir eso pero de manera fina. Ya sabes que me estoy quitando de decir tacos, lo sustituyo con pedanterías. Quizá podría decir tacos Y pedanterías. En fin. Falócratas, misóginos, oligofrénicos todos.