domingo, 28 de octubre de 2012

Guiños audiovisuales y espectadores adultos: Disney

Vaya por delante que le dedico el post a Iris, traductora audiovisual, amiga y mejor persona. Además está de estreno en la blogosfera, así que les recomiendo que se pasen y visiten TraducArte, su blog.

No es la primera vez que tratamos este tema en re-belle, y es que, aunque no tiene nada que ver con lo que hago como traductor -la supuestamente temible jurídica- la ideología en el discurso y en la traducción es un tema que me fascina.

¿Qué hace que una película sea para niños? ¿El que sea de dibujos? ¿Hay películas de dibujos que no son para niños? ¿Y qué es lo que marca entonces que lo sean o que no lo sean? El género infantil, a diferencia de otros géneros, no agrupa toda una serie de películas por su temática (cine de terror, western) ni por la época en que fueron filmadas (cine clásico, cine contemporáneo) ni por su procedencia (cine japonés, cine español). Bajo el término “género infantil” caben multitud de películas con un denominador común: la ausencia de elementos intertextuales, los ingredientes que dan vida a una película para adultos (alusiones, parodias, manipulaciones del discurso, ironía, simbolismo, citas directas de otros textos, símiles, metáforas, etc.)

No es que los niños no puedan reconocer esos elementos o incluso utilizarlos en su día a día, sino que simplemente les ha faltado el tiempo para asimilar y ampliar su bagaje cultural de forma que puedan entender completamente lo que ven y escuchan, de ahí que las películas para niños tengan ese denominador común: un humor no basado en la intertextualidad.

Sin embargo acotar tanto el segmento de mercado respecto a posibles espectadores no es bueno para la industria, ni mucho menos rentable. La industria busca al público adulto en sus largometrajes infantiles, a un público adulto que no necesita de niños como “coartada” que justifique su presencia en las salas de cine.

Y eso lo hace intercalando, en una película infantil, referencias veladas y otros elementos que sólo un público adulto puede entender completamente. Si a todo esto le sumamos la perfección técnica en las películas de adultos (el pelo de Mérida en Brave, por ejemplo) y la calidad de la música y de los dobladores (con voces famosas que actúan de gancho, como Anabel Alonso en Nemo) tenemos un paquete perfecto y un producto de márqueting recién salido del horno para el uso y disfrute de más y más televidentes.

Para ilustrarles, veamos los ejemplos que he podido sacar de Gru, mi villano favorito, película que acabo de ver en estos momentos (lo que hace el aburrimiento):

1.Publicidad de la cadena de televisión NBC




2.Al Banco del Mal (no sé si ése es el nombre de la versión española) anteriormente se le conocía como Lehman Brothers. Vaya, donde trabajó nuestro ministro de Economía, y desde luego luego empresa que pocos niños conocerán.



3.Las rastas, los colores... recuerdan a algo pero ahora mismo no caigo.


4.El segundo villano de la película juega a la Wii, conocido juguete con gran número de usuarios creciditos ya.



5.El ambientador de pino va directo a la carcajada adulta por lo fuera de lugar en que estña.




6.Copacabana, la canción




7.Blue-ray disc adaptado para la ocasión




Disney lleva algo de tiempo ya aplicando estas estrategias de márqueting que, sin yo estar a favor ni en contra, están teniendo resultados positivos. Yo mismo, en los últimos seis meses, he visto dos películas supuestamente para niños, y he disfrutado las dos (sobre todo Brave).

Otro día hablamos más sobre ideología y Disney, que aún me quedan cosas en el tintero. Estoy oxidado como hace tiempo, a ver si vuelvo al hábito de escribir que si no, vamos apañaos...

1 comentario:

Ana Mar López Contreras dijo...

OLA KE ASE? Sabes que Gru no es de Disney verdad?