domingo, 5 de febrero de 2012

Un casse-dalle avec... Elisabeth Falomir -editora y traductora-

Valencia. Chocolatería Valor.






Re-belle: Cuéntame en qué trabajas en estos momentos

Elisabeth: Siempre ando con varios proyectos a la vez, siempre bicéfala: está mi cabeza de oficinista seria, que uso de lunes a viernes, como editora junior en Gadir Editorial, y la cabeza de traductora, que uso en ratos libres, por la noche y los fines de semana.

Así que en realidad no me da tiempo a aburrirme: piensa que las exigencias en una editorial pequeña son muy variadas (además de corregir y maquetar, me ocupo de la exportación a América Latina, la comercialización y el seguimiento de los libros en el mercado español y un poquito de comunicación y prensa) y en cambio la traducción es una actividad más tranquila, más solitaria, con la que desconecto de lo demás.

La mayoría de traducciones que he publicado han sido para la editorial en la que trabajo, que tiene un catálogo que me encanta y en la que incluso me permiten proponer textos: un verdadero lujo. No obstante, también he publicado traducciones de novelas juveniles en La Galera e incluso un pequeño volumen de ensayo sobre teoría postcolonial. 

R: ¿Y cuál es el libro con que más has disfrutado traduciendo?

E: Probablemente sea El Nilo: Cartas de Egipto, una pequeña selección de la correspondencia de Flaubert durante su viaje por Egipto en 1850. Fue toda una experiencia enfrentarme a un autor clásico de esta envergadura, y disfruté muchísimo con el proceso. Además el libro no tiene desperdicio. Le escribe a su madre, por ejemplo, diciéndole que todo es precioso, que comen muy bien y que le encanta el exotismo del país; y al mismos tiempo le escribe a los amigos para contarles que, entre otras cosas, ha visitado burdeles de la zona.  

R: Háblame de El fin de los libros, otro libro que has traducido

E: Es un opúsculo publicado por Octave Uzanne, un bibliófilo empedernido, en 1894. En él vaticina el final del libro impreso, por considerarlo poco práctico, ¡e incluso se anticipa a la invención del audiolibro! Resulta muy divertido asomarse a las reflexiones que Uzanne ofrecía ya a finales del XIX, porque el discurso sobre el soporte de la literatura sigue vigente hoy en día... 

R: Y hablando de los soportes de la literatura ¿qué opinas del libro electrónico?

E: No tengo e-reader, pero como soporte de lectura me parece fascinante por sus «pijaditas»: permite subrayar, añadir enlaces a fotos o vídeos, entresacar párrafos y guardarlos en un archivo o compartirlos en redes sociales... Creo que todo eso tiene sentido esencialmente para manuales técnicos o de filosofía, pero alguien que busque la lectura sin florituras añadidas no abandonará por completo el papel. Entiendo que haya opiniones encontradas y que los editores (e impresores) tradicionales lo perciban como una amenaza a la industria. Yo no comparto ese catastrofismo: de hecho, creo que en los tiempos de la autoedición, más que nunca, será cuando se haga relevante la figura de un editor que seleccione y proponga literatura de calidad entre la avanlacha de ebooks. 

R: Hablas de «pijaditas» respecto al lector, aunque el libro electrónico abre un abanico de posibilidades al escritor también...

E: En eso de las «pijaditas» sigo siendo escéptica: yo estoy a favor de que el autor se siente y escriba su texto, no que se convierta en un prestidigitador multimedia capaz de sacarse de la manga una trama floja y adornarla con fuegos artificiales. No me interesa el despliegue de las nuevas tecnologías. Seré una ingenua, pero creo que esa fórmula de entretenimiento palidece ante la verdadera literatura.

De todos modos este otoño leí una novela de A. Olmos publicada por la editorial Mondadori: Ejército enemigo. En ella se describe una escena pornográfica y, al acabar la narración, descrita de forma muy visual y acertada, se incluye una nota al pie con un enlace al vídeo. Pese a que existen las imágenes, os prometo que es más divertido leerlo que verlo en pantalla.

R: Dime, ¿cómo llegas a Gadir?

E: Me licencié en la UJI pero terminé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid gracias a una beca Séneca. Allí supe que Eduardo Becerra, un profesor de literatura hispanoamericana, estaba dirigiendo un máster de edición. Fue un curso tremendamento intenso y productivo. Yo tenia claro que me interesaba la edición literaria independiente: entré en Gadir para hacer prácticas y finalmente me quedé. 


R: Háblame más de tu máster

E: El máster de la UAM tiene un apartado práctico y otro teórico. El primero consistía en formar grupos y editar un libro durante el curso. Llevamos a cabo una antología de cuentos de terror de autores latinoamericanos del siglo XIX. Quedó muy bien, la verdad. Hay que tener en cuenta que trabajábamos con plazos razonables y la tranquilidad que da saber que no existe una presión comercial detrás. Eran condiciones ideales, pero permiten hacerse una idea muy precisa de lo que supone coordinar la publicación de un libro, de la A (selección de textos) a la Z (distribución y plan de marketing). El apartado teórico ofrecía una serie de ponencias a cargo de grandes nombres del mundo editorial que venían a hablarnos de algún aspecto concreto: gestión de derechos de autor, diseño gráfico, historia del libro, creación de catálogo y línea editorial, etc.

R: Y una última pregunta, dime, ¿qué estás traduciendo ahora?

Siempre ando con varios proyecto a la vez porque es inevitable que se me solapen… Ahora tengo entre manos la segunda parte de la correspondencia de Flaubert que mencionaba antes: las cartas relatan su vuelta a Francia pasando por Oriente Medio, Grecia e Italia. También estoy traduciendo una novela erótica muy recomendable para la editorial barcelonesa Melusina. No puedo dar más detalles, ¡pero es un libro fantástico que se publicará a lo largo del semestre!


Gracias Elisabeth por romper el hielo en re-belle :)


2 comentarios:

Ernesto Tarragón Cros dijo...

Buena entrevista, Rob! Pero he echado de menos alguna pregunta sobre los derechos de autor y su opinión al respecto, aprovechando que trabaja en una editorial. Quizá en la próxima? =)

Rob* dijo...

Ay es que no hay espacio para más (!!) pero efectivamente llevas más razón que un santo, y estoy seguro que Elisabeth tendrá una opinión interesantísima sobre el tema :)