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miércoles, 19 de enero de 2011

Otra de fantasmas

Señoras, seguimos con esto de los fantasmas y la traducción.

Al parecer, W. F. Jackson Knight, traductor al inglés de Virgilio, afirmaba rotundamente que sus traducciones habían sido dictadas directamente por el espíritu nocturno del poeta romano.


No haré más comentarios




jueves, 6 de enero de 2011

Oro, incienso, mirra y una edición bilingüe

Antes que nada: ¡FELIZ AÑO 2011! Dicen que «año nuevo, vida nueva»; así que me van a permitir subirme, de nuevo, al carro de este blog. Les pido sean benévolos con mis posts que aún no tienen el rodaje de los de Rob*.

Como este año he sido una niña buena, los Reyes han llegado cargaditos de regalos y vengo a contarles sobre uno de los que más ilusión me ha hecho. Se trata de una edición bilingüe del clásico Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, traducido por Helena Cortés Gabaudan y editado por Abada Editores.

Para aquellos menos doctos en la materia que nos ocupa, explicaré que una edición bilingüe es aquella que presenta tanto el texto en idioma original —en las páginas impares— como su traducción —en las páginas pares— de modo que vemos los párrafos de TO y TM alineados.

No sé muy bien por qué, siempre me han fascinado las ediciones bilingües. Supongo que será porque en el mismo volumen se ven original y traducción y ésta no pretende substituir al TO en la cultura meta, ambos coexisten sin mayor problema.

En nuestro país hay una ingente cantidad de literatura traducida, pero encontrar ediciones bilingües no es tan fácil. Normalmente, las obras que se presentan en este formato suelen ser grandes clásicos de la poesía y el teatro —yo misma, admiradora de estos volúmenes, sólo tengo, además de ésta de la que vengo a hablarles: Poeta en Nueva York, de Lorca, y La divina comedia, de Dante Alighieri—.

Este tipo de ediciones no suelen ir dirigidas al gran público. Seamos sinceros, por muy bonito que sea, si no se tiene ni papa de alemán (en este caso), tener el original junto a la traducción es un tontería; y, del mismo modo, si se comprende el idioma original ¿por qué buscar la traducción? Pues bien, el receptor prototípico de una edición bilingüe sería, por ejemplo, alguien que conoce ambas lenguas y está interesado en estudiar la obra original. De hecho, se conoce como traducción erudita o anotada a aquellas traducciones que presentan comentarios filológicos o históricos (Hurtado, 2001).

Después de pensar un rato, he llegado a la conclusión de que el hecho de que se presenten ambos textos de forma conjunta puede plantear un problema al traductor a la hora de elegir las estrategias para llevar a cabo el encargo, ya que el receptor ideal de la edición será muy exigente con el producto final de la traducción. Lo mismo ocurre en otras ocasiones en las que podemos acceder a los dos textos —origen y meta— al mismo tiempo, como en el caso de los subtítulos. ¿Cuántos de ustedes han puesto el grito en el cielo al comprobar que lo que se decía en pantalla era algo diferente a lo escrito en los subtítulos? Apuesto a que unos cuantos. Por esta razón, los subtítulos suelen ceñirse mucho al TO; y lo mismo ocurre con esta edición de Fausto.

Como toda traducción de estas características, va acompañada de un largo prólogo en el que se explican las decisiones tomadas a la hora de traducir el libro. Una de ellas es esa búsqueda de «la fidelidad más absoluta a la letra», la traducción literal, el literalismo; métodos traductores que, según nos han enseñado, debemos mirar con suspicacia. Además, esta obra tiene la gran dificultad de estar prácticamente toda rimada y con diferentes estilos, que Goethe no eligió de forma aleatoria. Es decir, los diferentes estilos expresivos se adaptan a los personajes y las escenas —pero, ojo, no se crean que todos los lectores alemanes se dan cuenta de esto— por lo que podemos encontrarnos con tercetos encadenados, versos de obra menor, trímetos griegos… Así mismo, en esta edición se ha intentando cuidar la máximo esta característica, incluso buscando no faltar a las alternancias y encadenamientos de las rimas: ab–ab, aa–bb, abc–abc…

Cuantas más vueltas le doy, más me asombro. Sólo puedo decirles una cosa: señores, me quito el sombrero ante los traductores que persiguen plasmar la riqueza plástica y estilística de los textos originales, aunque parezca a priori una tarea más difícil que la del transvase del contenido. Sin duda el traductor se convierte en poeta. Y hasta aquí mi reflexión.

Pasen una buena tarde y disfruten, que mañana ya es laborable.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Todo el mundo odia a Peter Newmark

Hola amigas. Hoy es domingo, día del Señor y esas cosas. Y quiero de una vez por todas escribirles este post, que hace milenios que lo tengo en mente. Porque el título, intertextualidad a parte, deja ya claro de quién vamos a hablar hoy. Ni más ni menos que del profesor Newmark.

Para los que no lo conozcan -a estas alturas digo yo que nadie- Peter Newmark es un hombre venerable que vive en el sur de Inglaterra y que allá por los años 80 representó la casi totalidad de todo lo que se escribió sobre la traducción en lengua inglesa.


A mí, lo que me gusta de Newmark es que no se calla ni debajo del agua. Fíjense ustedes que yo todavía recuerdo cuando Calzada nos contaba la primera vez que había hecho una ponencia con el señor delante. Y es que, como dice ella misma a propósito de Newmark “o condona, o condena”, pero no deja a nadie indiferente.


Y eso hacía que le tuviera cariño, hasta que, claro, de repente leí una frase suya cargada de veneno hacia Seleskovitch. Porque yo, por Danica Seleskovitch MA-TO, y punto. Y que nadie me levante la voz.


Eso sí, hay que recococerle que en un mundo cargado de falsas apariencias, de te cito en mi artículo porque somos colegas pero en verdad te odio, Newmark dijo -y dice- las cosas claras. Pero claro, antes de disparar las flechas de la verdad, no le hubiera venido mal mojar las puntas en un tarro de miel.


La novedad que aporta Newmark al mundo es que maneja dos nombres para dos maneras de traducir: “comunicativa” y “semántica”, distinción que él mismo califica como su “contribución principal a la teoría general de la traducción” (1981, 62). ¿Ven a lo que me refiero? En realidad Newmark introdujo dos conceptos novedosos y decisivos en el avance de los Estudios de Traducción. Pero claro, nos pierde la boca y jugamos a las hipérboles, igual que a mí.


Hay por la web dos artículos muy buenos (éste y éste) en los que sus autores contestan a Newmark. En especial me ha encantado el de Pym, del que desde este momento me declaro fans absoluto.


Pero aun así Newmark me cae como bien, no sé. Supongo que es porque el hombre sabe de todo, y leer entrevistas suyas es de por sí una aventura. Y eso que su enfoque, tan lingüístico, tan anacrónico (desde mi punto de vista, claro) me estresa la vida, pero cuando leo frases del tipo:


I begin by reminding you that you have no right to improve an authoritative text (1988, 204)


pues me hace gracia, para qué les voy a engañar. Eso sí, con Seleskovitch no se mete nadie, vaya esto por delante.


Dice, por ejemplo, que gran parte del trabajo del traductor no debería tener nada que ver con el discurso (WHAT), sino con correspondencias mutuas. Y la prueba ¿irrefutable? es una traducción en la que hasta el 90% de los términos originales encuentran correspondencias literales.


Pero claro, una traducción al 90% no vale, y es en ese diez por ciento en el que entra en juego el factor humano donde se encuentra la clave de esas teorías de traducción que él mismo reniega con frases del tipo: "la teoría de la traducción no es ni teoría ni ciencia, sino un conjunto de conocimientos" (1981, 19). Con dos cojones.


Y poco más que decirles, a parte del hecho de que les quiero mucho y que me perdonen por no haber escrito en muchos muchos días. Y les recomiendo que lean a Newmark y le compren sus libros, que todavía hoy mucha mucha gente los usa como punto de referencia.


Hoy no se me quejarán de links, eh. Pues eso.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mortífagos, serpientes y más


Este verano he descubierto que cuando ves una película de Harry Potter en inglés ¡TODO EL MUNDO TIENE ACENTO BRITÁNICO! Y claro, ahora que lo pienso así fríamente, tiene sentido... pero ustedes tendrían que haber visto mi cara al poner HP5 el otro día.

Y es que hoy vengo a hablarles de una traducción que me fascina hasta llevarme al infinito: la del nombre de los seguidores de Voldemort, los mortífagos.

Y es que el de mortífago es un término que me lleva a lo más alto sin siquiera tener que tocarme. Fíjense ustedes que la razón del nombre en custión la encontramos en Harry Potter y el cáliz de fuego, en el que tiene lugar una asamblea convocada por Voldemort en la que, así como muy místicamente, como a él le gusta, el Señor Tenebroso deja caer la siguiente perla: «Vosotros conocéis mi meta: conquistar la muerte».

El sentido de los mortífagos, de los Death Eaters, remitiría, entonces, a la actitud de los magos tenebrosos frente a la muerte, algo que deben superar, abolir, «devorar». Además, fíjense en el hechizo que hace El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado para reunir a sus huestes: Morsmordre, una voz francesa que literalmente significa “morder la muerte”.


Y los traductores, a quienes no se les escapan estas cosas, crean una palabra nueva para designar algo que en la vida real no existe. Y no lo dejan en inglés y le meten una cursiva, no (como ocurre con muggles, o con squib), sino que con dos cojones recurren a raíces léxicas del latín y del griego y crean un neologismo que lo flipas digno de entrar en el DRAE (sobre todo si tenemos en cuenta que existe almóndiga). De esta manera utilizaron el sustantivo latino mors, mortis («muerte») y los afijos -phăgus y -φάγος que significan «comer», «devorar».

Sublime. Erótico. Fantástico. Lingüístico.


Harry Potter ha tenido cuatro traductores en total, pero esto ya se lo cuento otro día. Hoy sin en cambio les hablaré un poquito de los creadores de este neologismo. Exceptuando el primero y los dos últimos libros de HP, son Nieves Martín Azofra y Adolfo Muñoz García los responsables directos de la criatura.


Qué quieren que les diga, pero esto de traducir en parejas lo veo yo pelín complicado, porque básicamente no tengo muy claro yo el proceso: ¿cómo lo hacen? ¿se sientan juntos y discuten? ¿traducen y ponen en común? ¿y pueden mantener el mismo estilo en todo el texto si son dos personas traduciendo? Y la respuesta ha de ser que sí, digo yo, porque el resultado es una maravilla.


Nieves Martín Azofra nació en 1957 (tiene 53 años, cotillas). Es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca y catedrática de Lengua Inglesa. Durante 20 años ha estado dando clase y participando en congresos y esas cosas que a los catedráticos les gusta hacer. Ha impartido varios cursos de traducción (el más importante de ellos, el que dio en la Universidad de Westminster de Londres)


Por su parte, Adolfo Muñoz Garcia nació en León, allá por 1964 (46 años, que aquí o lo sabemos de los dos o no lo sabemos de ninguno). Como curiosidad les diré que es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la coqueta localidad de Valencia y que en estos momentos está de excedencia voluntaria. Y además es crítico literario, oigan, aunque escribe bajo el pseudónimo de Garcimuñoz.


Y hasta aquí mi incursión en la magia oscura, por muy de Slythering que yo sea. Les prometo que otro día continúo con las dos traductoras más que ha tenido la saga, que sabe Dios que tengo bastantes cosas que decir sobre ambas, muajajajaja.

Les dejo con un traductor a lengua pársel, una lengua muy presente en las mujeres de mi familia y en mí mismo, que somos todos muy víboras. Y tengan en cuenta que el pársel lo ofrezco como lengua de trabajo, que tengo vídeos que lo demuestran.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sois belle et tais-toi!


Les hablaba el otro día del libro Re-belle et Infidèle y su relación con mi blog. Bien, si han leído la breve introducción del libro que les planteaba se habrán dado cuenta de que, a priori, mi blog y el Re-belle de verdad no tienen absolutamente nada que ver.

Y para que vean que no me callo ni debajo del agua, y si les molesta les pido mil perdones, hoy les deleitaré con mis meditaciones respecto a lo que mencionábamos el otro día.

Veamos.

Miren ustedes, a mí que cada uno escriba como le salga de las narices no me molesta. Lo contrario. Como sabrán yo soy un neologista nato que ha dado a luz a palabros básicos de nuestra lengua como conductriz. Y a mí nadie me lo reconoce.

¿Que a la menestra de Igualdad le apetece dar una patada al diccionario con los miembros y las miembras? Pues epatado me hallo, pero no más epatado que cuando Cortázar cambia de narrador sin avisar ni al Tato o cuando de repente cojo un libro que empieza con minúscula. ¿Qué pasa? ¿Que si lo hacen los grandes novelistas son muestras de genialidad y de estilo personal y si lo hace la menestra es reprobable?

Pues no lo capto.

(Mención aparte el hecho de si la menestra es reprobable en sí o no lo es.)

Que las seguidoras de Re-belle, cuando escriben, incluyen strategies such as avoiding pejorative words designating women, encoding new meanings in existing words ad coining new ones, pues muy bien, es su elección. Algunas de sus formas nuevas tendrán calado en la sociedad y otras tantas morirán en el olvido. Como todo en esta vida, veas tú qué problema.

El problema viene cuando confundimos libertad y libertinaje y decidimos darle tijeretazo, corte y confección al libro de otro. Eso sí que no, oigan. Que una cosa es no querer depilarse el sobaco, llevar pantalones y decir “buitra” por buitre hembra y otra muy diferente cambiarme mi libro que tanto me ha costado de parir. Al fin y al cabo, nosotras parimos, nosotras decidimos ¿no?. Y que no venga ninguna traductriz-nazi a decirme lo que puedo hacer y lo que no.

(Humilde opinión.)

Como autora, haz lo que te dé la gana y que nadie te levante la voz, que, ya saben ustedes, hoy se van a querer como nadie les ha sabido querer y esas cosas.

Como traductora, sois belle et tais-toi!

Un abrazo

domingo, 2 de mayo de 2010

Re-belle et infidèle/ The Body Bilingual


ALERTA SPOILER: Este post es serio. No busquen en él dobles sentidos o comentarios frívolos porque no los encontrarán. Esto no es una broma.

Hola a todos

Una lectora que muchos de ustedes conocen me pide que les hable un poco del origen del nombre de mi blog; y yo, que ya saben que en cuanto me piden ayuda acudo raudo a la batalla, no le voy a dejar sin explicarles aquello de Re-belle et infidèle.

Re-belle et infidèle/The Body Bilingual: Translation as a Re-writing in the Femenine es el nombre de un libro. Punto número uno. Un libro que trata, como ustedes mismos habrán podido observar, sobre el intervencionismo de carácter feminista en el mundo de la traducción.

Si les soy sincero les diré que no recuerdo por qué elegí ese nombre para mi blog y no le llamé, digamos, Blog de un traductor wannabe. No sé. La cosa es que ése es el nombre que tiene y, como Juana de Arco con los cañones, tiro para alante y punto.

La cosa es que el libro parte con el siguiente concepto de la traducción:

La traduction au fémenin se présente comme una activité politique visant à faire apparaître et vivre les femmes dans la langue et dans le monde.

Se trata pues de la reivindicación social de revuelta contra la desigualdad entre los sexos que pone a la mujer en segunda categoría, partiendo de la base de que la lengua refleja y perpetúa esas desigualdades sociales. En ese contexto tendría cabida un “sexolecto femenino” como ámbito de intercambio comunicativo presente, entre otros, en la actividad translatoria.

El libro se estructura entorno a tres grandes bloques que les detallo a continuación.

Lucha contra la norma patriarcal.

Y es que la norma del masculino como neutro no es el resultado del azar sino un reflejo de la inferioridad socio-económica impuesta por hombres a mujeres hasta llegar al al punto en que éstas lo contemplan como algo normal y propio.

Según este planteamiento la violencia contra las mujeres empieza por el mismo género gramatical que oculta a las mujeres a través del lenguaje.

Para desencorsetar el lenguaje sometido al yugo del machismo imperante se proponen dos vertientes de actuación diferentes. A saber:

Lucha contra la depreciación verbal.

La primera tiene que ver con la expresión en nuestras propias lenguas, la llamada feminización textual:

Feminisation includes strategies such as avoiding pejorative words designating women, encoding new meanings in existing words and coining new ones.

Así, por ejemplo, nuevas realidades sociales conllevarían el acuñamiento de neologismos que tarde o temprano quedarían naturalizados en la lengua. Esto con el español no pasa tanto, pero piensen en la lengua francesa y cómo una directora queda relagada a Madame la directeur, y una profesora a Madame la professeur.

Estrategias de traducción activistas.

El lío viene cuando hablamos de traducción, porque hasta este momento todo lo propuesto se deriva de la elección personal de cada uno. En traducción, al verter en otro idiomas palabras ajenas, las reglas del juego se complican.

La cosa pasaría por explicitar el pensamiento feminista en cualquier obra traducida mediante notas, prefacios o cualquier otro método. Con o sin consentimiento del autor. La cosa no es moco de pavo, señores, porque al actuar así el concepto teórico y milenario de la fidelidad en traducción quedaría relegado, según palabras de la autora, al museo de la reflexión traductológica.

Como ven el tema es complicado. Mis reflexiones las verán en el siguiente post. Pasen una buena semana.

viernes, 2 de abril de 2010

28 + 3 = 31

Hace mil que no escribo, cosa que les dará francamente igual porque básicamente no hay nadie que lea lo que a mí se me pasa por la mente en traducción. Así que no voy a perder el tiempo en lamentarme y en pedir disculpas y me centraré en lo que les vengo a contar.

Hoy vengo a hablarles de El Principito, como lo oyen. Y no me lo agradezcan a mí, agradézcanselo a mi mejor amiga, creo, que es la que me ha pasado el link con artículo.

Al grano. Va y resulta que Saint Exupéry parece que tuvo un pequeño error cuando escribió el cuento en cuestión. Si lo recuerdan, el Principito viaja al Planeta número 4 para encontrase con un hombre de negocios que hace sumas de forma compulsiva. La relación de sumas a las que, como lectores, tenemos acceso es: 3+2 = 5, 5+7 = 12, 12+3 = 15, 15+7 = 22, 22+6 = 28, 26+5 = 31. Como verán, cada suma comienza con el resultado de la anterior; y, como seguirán viendo, la regla se viola en la última suma. ¿interesante, eh?

Pues se conoce que el traductor, hábil y perspicaz, solucionó el pequeño problema, y de ahí que en la traducción española la última suma se reduce a 28 + 3 = 31.

Como vemos, se trata de un caso más de intervención del traductor, con premeditación y alevosía. Y sin embargo la anécdota esconde un dilema enorme que azota la profesión desde hace milenios. ¿Qué es la fidelidad en traducción?

La pregunta aquí sería, ¿ha obrado bien el traductor al modificar el texto origen o debería haberlo dejado como estaba? Y a esto, señores, no tengo respuesta, porque a cada cual que le pregunto me sale con una nueva. Si atendemos a la lógica de la estructura narrativa, vemos que el personaje es un hombre cuya vida se basa en hacer sumas, es un hombre de negocios, es un contable. Y, díganme, ¿cómo va a equivocarse alguien que hace sumas durante las 24 horas del día? ¿Hola? ¿Es entonces un error del autor?, me dirán. Pues a todas luces parece que sí, ¿no? ¿o no? Pues no lo sé. Porque al releerme el capítulo entero resulta que el hombre de negocios confiesa que en toda su vida sólo le han molestado tres veces, y el Principito es la tercera. ¿Y si deliberadamente el autor marca eso mismo a través de un error en la secuencia lógica de las sumas? ¿Hay alguna intencionalidad ahí? Nunca lo sabremos.

Si les doy mi opinión, yo hubiera hecho igual, hubiera optado por la traducción (mi editor mediante) pero vamos, que de todo hay en la viña del Señor.

Esta anécdota, y otras más, está incluida en el artículo Las matemáticas de la literatura de Marta Macho Stadler. Lo encontrarán en Un paseo por la Geometría, DivulgaMAT 2006-2007.

Que disfruten las Pascuas.