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domingo, 28 de octubre de 2012

Guiños audiovisuales y espectadores adultos: Disney

Vaya por delante que le dedico el post a Iris, traductora audiovisual, amiga y mejor persona. Además está de estreno en la blogosfera, así que les recomiendo que se pasen y visiten TraducArte, su blog.

No es la primera vez que tratamos este tema en re-belle, y es que, aunque no tiene nada que ver con lo que hago como traductor -la supuestamente temible jurídica- la ideología en el discurso y en la traducción es un tema que me fascina.

¿Qué hace que una película sea para niños? ¿El que sea de dibujos? ¿Hay películas de dibujos que no son para niños? ¿Y qué es lo que marca entonces que lo sean o que no lo sean? El género infantil, a diferencia de otros géneros, no agrupa toda una serie de películas por su temática (cine de terror, western) ni por la época en que fueron filmadas (cine clásico, cine contemporáneo) ni por su procedencia (cine japonés, cine español). Bajo el término “género infantil” caben multitud de películas con un denominador común: la ausencia de elementos intertextuales, los ingredientes que dan vida a una película para adultos (alusiones, parodias, manipulaciones del discurso, ironía, simbolismo, citas directas de otros textos, símiles, metáforas, etc.)

No es que los niños no puedan reconocer esos elementos o incluso utilizarlos en su día a día, sino que simplemente les ha faltado el tiempo para asimilar y ampliar su bagaje cultural de forma que puedan entender completamente lo que ven y escuchan, de ahí que las películas para niños tengan ese denominador común: un humor no basado en la intertextualidad.

Sin embargo acotar tanto el segmento de mercado respecto a posibles espectadores no es bueno para la industria, ni mucho menos rentable. La industria busca al público adulto en sus largometrajes infantiles, a un público adulto que no necesita de niños como “coartada” que justifique su presencia en las salas de cine.

Y eso lo hace intercalando, en una película infantil, referencias veladas y otros elementos que sólo un público adulto puede entender completamente. Si a todo esto le sumamos la perfección técnica en las películas de adultos (el pelo de Mérida en Brave, por ejemplo) y la calidad de la música y de los dobladores (con voces famosas que actúan de gancho, como Anabel Alonso en Nemo) tenemos un paquete perfecto y un producto de márqueting recién salido del horno para el uso y disfrute de más y más televidentes.

Para ilustrarles, veamos los ejemplos que he podido sacar de Gru, mi villano favorito, película que acabo de ver en estos momentos (lo que hace el aburrimiento):

1.Publicidad de la cadena de televisión NBC




2.Al Banco del Mal (no sé si ése es el nombre de la versión española) anteriormente se le conocía como Lehman Brothers. Vaya, donde trabajó nuestro ministro de Economía, y desde luego luego empresa que pocos niños conocerán.



3.Las rastas, los colores... recuerdan a algo pero ahora mismo no caigo.


4.El segundo villano de la película juega a la Wii, conocido juguete con gran número de usuarios creciditos ya.



5.El ambientador de pino va directo a la carcajada adulta por lo fuera de lugar en que estña.




6.Copacabana, la canción




7.Blue-ray disc adaptado para la ocasión




Disney lleva algo de tiempo ya aplicando estas estrategias de márqueting que, sin yo estar a favor ni en contra, están teniendo resultados positivos. Yo mismo, en los últimos seis meses, he visto dos películas supuestamente para niños, y he disfrutado las dos (sobre todo Brave).

Otro día hablamos más sobre ideología y Disney, que aún me quedan cosas en el tintero. Estoy oxidado como hace tiempo, a ver si vuelvo al hábito de escribir que si no, vamos apañaos...

lunes, 14 de febrero de 2011

Amores de película, porno



Hay enemigos y amantes del cine porno. Detrás de las “extrañas” escenas y los diálogos triviales de la mayoría de las películas X, existe un negocio muy rentable. Contenidos que, a diferencia de novelas y libros de poesía, sí son traducidos a muchos idiomas. En España se producen y se doblan una gran cantidad de películas pornográficas.

Queridas, desde que El Corte Inglés inventó esto de San Valentín, cada 14 de febrero me recorre la misma sensación fría por la espalda, cual espada de Damocles, sobre el hecho de tener, o no tener, a alguien a quien regalarle una postal en la que diga que le quiero mucho, como la trucha al trucho. Y sin embargo... he aquí otro Valentín y éste, si me permiten decirlo, será un poco agridulce. ¡Unos dramas, oigan!

Pero en fin, que hoy vengo a hablarles de otro tipo de amor, el de la pantalla, el de las mamellas al aire y los fontaneros desbocados. Porque sí; señoras, señores, el porno se traduce.

Supongo que este nombre no les sonará: Marranas con ganas. Y sin embargo es la primera película porno doblada al vasco en nuestro país. La película, grabada en 2003, trata sobre las reuniones que realizan tres amigas, una vez al año, para contarse sus experiencias. Las tres amigas, en su momento, compartieron piso, y esto, ustedes lo saben, une, y mucho.

El mismo ejemplo, pero en catalán, es el de la película La mar no és blava. Aquí se le añade la pequeña historia de que este doblaje tuvo el apoyo de la Generalitat Catalana para su traducción en forma de 10.000 euros. La película, por lo que me cuentan, es una obra de arte, porque ganó el premio a la mejor película soft del Festival Internacional de Cinema Eròtic de Barcelona en 2005, el premio a la mejor película erótica en los Brussels European Awards de 2006, junto con el premio de mejor director europeo (Conrad Son), mejor actriz de reparto (Evita de Luna) y mejor actriz (Salma de Nora).

Les prometo que esto no me lo estoy inventando.

En ambos casos las razones que se adujeron fueron las mismas: la normalización de la lengua a través de la producción (y en este caso traducción) audiovisual. Y me parece genial, qué quieren que les diga, porque aquí somos todos muy modernos para unas cosas, pero para otras no hay más beata que nos. Y eso no está bien.

Y de todos modos esto de la traducción de películas pornográficas debe de ser un filón académico, no se crean. Primero, porque no he encontrado estudios sobre el tema, aunque de entrevistas que leo a actores y actrices (de doblaje, vaya) y a una traductora (Aina Serra) se encuentran bastantes peculiaridades en este tipo de traducción.

Me explico. Como en cualquier tipo de traducción audiovisual, en este tipo de películas confluyen un código lingüístico y un código visual. El primero, en traducción, queda invariable, mientras que el segundo (supeditado al primero) es la materia prima del traductor.

En esa sustitución lingüística hay que mantener varios tipos de sincronía, y si no pregúntenles a Agost, Chaume y Hurtado Albir (1999:84):

Sincronía fonética, para que la traducción se ajuste a los movimientos de la boca

Sincronía quinésica, teniendo en cuenta los gestos y los movimientos de los actores

Isocronía, adecuando la traducción a la duración temporal de cada enunciado del actor de pantalla.

Sin embargo, los actores de doblaje no suelen estar especializados en porno, sino que vienen de otros tipos de doblaje (dibujos) o de otras disciplinas (teatro musical) y las reglas del juego se rompen muchas veces. Como ellos mismos dicen, hay mucho espacio para la improvisación en el doblaje de películas porno que en otro tipo de doblajes no se aceptaría. Hay sitio para el buen humor, para las equivocaciones... y para los cambios de texto de último segundo. Al principio, nos cuentan, como aún no tienen práctica, se dañan bastante las cuerdas vocales con los gritos y gemidos. Pobres.

Si es que, como en toda traducción, a veces te lo pasas bien, y a veces es más desagradable. Pero ya me dirán, de algo tenemos que comer los mortales.

Y sí, si me lo preguntan, el traductor, profesional donde los haya, ha de ver la película antes de empezar a traducir, no sé qué esperaban. Inserte sonrisa picarona aquí.

Poco más por hoy. Les deseo un día lleno de amor en todos los sentidos posibles. Y ya saben, si son bilingües con vasco o catalán, sorprendan a sus parejas con Marranas con ganas o La mar no és blava, y así contribuyen a la normalización lingüística.

Acepto postales de san valentín.

REFERENCIA: Agost, R., Chaume, F. y Hurtado Albir, A. (1999) "La traducción audiovisual: doblaje y subtitulación"

sábado, 16 de octubre de 2010

Naturaleza del género infantil audiovisual: intertextualidad y mercado

No se refíen de ellas, que vienen sólo a sacarles los cuartos.

Hola amigos. El post que traigo hoy se lo dedico al amable caballero que me ha brindado el artículo del que vengo a hablarles, vaya esto por delante. Y les anuncio ya que en brevas voy a conocer a la doctora Baker. Sí, sí, que me marcho de congresos junto con Marta (a quien ustedes ya conocen) y Cris (a quien no conocen, pero que ya conocerán).

Hoy vengo a hablarles de un artículo que me ha llamado la atención. Es de Zabalbeascoa, y tiene por título “Contenidos para adultos en el género infantil: el caso del doblaje de Walt Disney”. Les pasaría un link del artículo, pero no lo tengo. Desolé (y miren que son 14 páginas, eh).


Para entendernos, y para no hacerlo muy largo, partamos de la base de que el género infantil no es un género textual en concreto -no es una novela, o un sainete- sino que más bien es un conjunto de textos en los que el destinatario cobra tal fuerza que marca el contenido de los mismos por completo.


En realidad, la concepción de lo aceptado para la infancia cambia de forma diametral atendiendo a parámetros temporales y geográficos. Sin embargo, sí que encontramos unas directrices comunes en lo que se refiere a comprensión textual, que es el meollo del asunto. Debido a falta de experiencia vital, el público infantil no puede identificarse con literatura adulta porque no es capaz de entender intertextualidades, metáforas, alusiones, parodias e ironías, entre otros. Por esa razón se adaptan sus textos. No hay catarsis, oigan, no hay catarsis.


Cabría esperar entonces que los niveles de todos estos mecanismos que acabamos de mencionar fueran mucho menores en la literatura infantil. Sin embargo, en su adaptación a la gran pantalla, nos encontramos con películas plagadas de referencias cruzadas, de intertextualidades, etc.


La cosa es no dejarse engañar, porque la factoría Disney es, ante todo, una factoría, y una factoría existe con fines lucrativos, y punto. Y por esos derroteros van las razones que exponemos en este post.


Asignemos por ejemplo el color blanco a textos en los que el público infantil es el factor determinante, y el negro a los dirigidos específicamente al público adulto. El texto apto para todos los públicos, el que nos vende Disney, sería entonces un texto gris, apto para todos, ¿no? Pues no.


Piensen en la diferencia entre un texto universal gris, el apto para todos los públicos y, por ejemplo, siguiendo la nomenclatura del autor, un texto que siga la estrategia de “topos negros sobre fondo blanco”, es decir, un texto que se presenta como género infantil pero que contiene elementos que son principalmente para el disfrute de un público más maduro (los topos negros). Ahora entenderán cual es la estrategia que sigue Mickey Mouse.


La idea es que el mayor número de personas vayan a ver pelis de Disney, sean niños o no. Con lo cual se intercalan toda una serie de referencias veladas que los niños no entienden pero que constituyen guiños hacia los adultos. Para hacer más caja y punto, oigan, no se vayan a creer. El autor, refiriéndose en concreto a Aladdin, desgrana las siguientes:


1) imitaciones de famosos, de sus voces y/o caras (Groucho Marx, Jack Nicholson, Sharon Stone)


2) las siluetas de las bailarinas y de Yasmín (igual que Pocahontas, Lara Croft, etc.)


3) el palacio del sultán, bajo la tiranía del ‘malo’; recuerda al Kremlin


4) Coreografías y estética de la época dorada del cine musical americano: hay desfiles, claqué, sombreros de copa, lentejuelas y muchos otros elementos anacrónicos


5) frases y expresiones que recuerdan a otras situaciones, registros o textos, como la frase del Genio: “Either that or I’m getting bigger. Look at me from the side. Do I look different to you?”, que recuerda a una mujer preocupada por mantener la línea.



Y si se preguntan por la traducción al español, pues va y resulta que se aprecia una menor atención a los elementos dirigidos principalmente a adultos que en el original (la versión española resulta ser un texto de fondo blanco con menos topos negros, vaya). Una lástima, oigan. Miren que les gusta planchar los textos. Para eso que no hubieran estudiado TeI y se hubieran puesto a trabajar en una tintorería...


Pero bueno, que cuando vean una peli de Disney no digan que no se lo avisé por lo menos.


Un abrazo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Los profesionales del doblaje en la sombra

En primer lugar, tengo que dar las gracias a Rob por la genial presentación que ha escrito, que ha conseguido que incluso me ruborice. Como sabéis me ha dejado el listón muy alto con sus artículos, así que espero que los lectores no sean muy críticos conmigo al leer estos mis primeros posts. Venga pues, manos a la obra. ¡Que lo disfruten!

Hace un par de días decidí pasar una tarde tranquila con palomitas y un documental. Concretamente, uno sobre el doblaje, dirigido por Alfonso S. Suárez, Voces en imágenes (aquí, el tráiler). El documental no trataba sobre traducción audiovisual, nada que ver, sino sobre la labor de los actores de doblaje o dobladores. Un apunte: muchos profesionales rechazan esta designación, porque ellos no van por ahí doblando papeles ni vigas como el robot Bender de Futurama —curioso que bend sea «doblar» y bender también signifique «juerga»—. Bueno, al grano, que me sale mi puntito freak y me puedo aquí tirar horas hablando de nada. Como iba diciendo, en el documental, actores y actoras de doblaje hablaban de su trabajo diario, gajes de la profesión y anécdotas.

Pues bien, resulta que los actores de doblaje se lamentaban de su poco estatus socioprofesional, de que el trabajo no era muy agradecido, de que el reconocimiento de la sociedad era poco, de que sí, estás ahí, pero la gente lo único que ve es al actor original… Y no pude sino pensar en el colectivo que más de cerca me toca. En la cadena del doblaje el traductor audiovisual es el último mono. Porque por lo menos a los actores se les respeta en el estudio de doblaje, pero es que a los pobres traductores se les tiene por simples maquinitas que pasan un texto de un idioma a otro como si fuesen el Google Translator (y no me vayan a decir que eso es un traductor, ¡que me enciendo!)

Eso sí, yo no soy de levantar falso testimonio sin pruebas: ¿qué me lleva a pensar que los desfavorecidos somos nosotros? Pues miren, nosotros aprendemos a traducir y a ajustar el guión para doblaje (que son dos tareas diferentes que van por separado y sí, el ajuste está mejor pagado) pero en el momento de la verdad nos limitamos al transvase lingüístico, porque siempre hay un señor ajustador que se dedica a que todo «quepa en boca» y si tiene que cargarse tu traducción, pues lo hace; y si al hacerlo no respeta el texto original, estropea un juego de palabras que te ha costado sudor y lágrimas inventar o construye una frase que no tiene sentido, pues lo hace. Porque sí, porque el ajustador normalmente no sabe inglés y no puede comprender los matices del texto origen y porque tiene la potestad y la protección otorgada por el director de doblaje, otra figura muy dada al retoque del guión que te has estado currando durante horas. Pero eso sí, cuando algo nos chirría mientras vemos una película doblada, lo primero que pensamos es «vaya pifia de traducción».

Así que en esas estamos. Como los actores de doblaje, nos encontramos en la sombra, sin que nadie nos dé premios o palmaditas en la espalda por nuestro trabajo. Sin embargo, como apuntaba Venuti, una traducción podrá considerarse de calidad cuanto menos presente esté el traductor en el texto meta. La invisibilidad del traductor (y, extrapolando el concepto, la del actor de doblaje) es una de las grandes cualidades que se nos presuponen. Eso sí, no vayamos a confundir que el espectador meta nos perciba mientras ve una película con que nos tomen por el pito del sereno, que es cosa muy distinta y eso no puede ser. Que yo ya tengo a mi madre para que diga «¡Ay! ¡Qué bien traduce mi hija!», pero también me gustaría que el resto de profesionales del mundillo alabasen lo que hago, que al fin y al cabo, es un trabajo creativo y muy importante.


¡Y ahora pásenlo bien, que ya es sábado!

martes, 20 de julio de 2010

Titula como puedas


En clase de traducción audiovisual siempre nos dicen que el traductor poco tiene que ver con la elección del título de una peli; que si son las distribuidoras, etcétera, etcétera. Sin embargo todos hemos vivido el universo de la traducción de títulos de películas al español, qué quieren que les diga, así que aquí les traigo las diez traducciones de títulos de películas más... más... *insert adjective here*


12. Once, en español Once. Lo bueno de esta peli es que, tras el título, se oía una voz en off diciendo algo así como: “¿Cuántas veces te has enamorado?” ¿Once? ¿en sirio? Las señoras de melena traslúcida en el cine se miraban cariacontecidas al ver que los protagonistas se habían enamorado nada menos que ¡¡ONCE VECES!! ¡Pero bueno! ¿y el amor a primera vista? Fue más de una de estas señoras la que se planteó si hizo bien enamorarse y casarse once, así, a la inglesa.


11. Joshua, o, en español: Joshua: el hijo del mal. Clásico ejemplo de dejar el título así en original, que es como muy universal, oigan, y agregas una nota explicativa. No vamos a decir Joshua a secas, no, no, ¡ay mare!, que eso es muy misterioso, oigan. Ponemos Joshua: el Hijo del Mal y así los espectadores van preparados y saben que el chavalito con cara de conejo es en realidad un psicópata. Y ya, así de fácil, y con la sonrisa en la cara se marcha uno a casa henchido de orgullo y creatividad.


10. Rosemary's baby (La Semilla del Diablo) Otro ejemplo como el de antes. GRACIAS POR DESTRIPARME LA PELÍCULA. Un beso.


9. The Mephisto Waltz. A alguien no le debía gustar bailar el vals y estaba aprendiendo francés con todas sus fuerzas, ya que en España se llamó Satán, mon amour. Ahí queda eso.


8. Star Wars. Miren ustedes que a los españolitos nos gusta hacerlo todo grande. Ya puestos, más que luchar por una sola estrella mejor que sea por una galaxia, no me digan que no. Pero todavía es mejor cuando la guerra es en varias galaxias. Por esto se tradujo a La guerra de las galaxias. George Lucas no quería referirse en ningún caso a la Estrella de la Muerte, oigan. No me vayan a pensar mal que les conozco.


7. Die Hard, o La Jungla de Cristal. «Y bueno,» dirá el traductor, «¿yo qué me iba a imaginar que vendrían tres secuelas tras esta donde John no camina descalzo sobre vidrios?» Pero no, los distribuidores fueron tercos. A esta la siguió La Jungla de Cristal 2 (la del aeropuerto), y luego La Jungla de Cristal 3 (la de John y Zeus corriendo como locos por todo Manhattan haciendo lo que quiera que Simon diga) y finalmente, cuando los productores en Hollywood decidieron reforzar el juego de palabras llamando la cuarta Die Hard or Live Free nosotros nos tuvimos que resignar con un La Jungla 4.0, por aquello de que iba de ordenadores. Suspiro.


6. Underdog (2007). Mal, muy mal. Superdog, en España; que es así como más positivo y feliz. Claro que sí.


5. Some girls. Película que en nuestro querido país hermano Méjico se llamó Amo a mi novia pero su familia está completamente loca. Les reto a decirlo así rápido, como si se lo estuvieran diciendo a una taquillera en el cine.


4. Y siguiendo con Latinoamérica encontramos Home Alone, titulado Mi Pobre Angelito... Aquí, Dios mediante, en España nos ceñimos al original, aunque me comentan por el pinganillo que lo que hizo Latinoamérica no fue más que un homenaje premonitorio al futuro que le esperaba a su protagonista. :-)


3. Curdled. Por si a alguien le interesa, quiere decir algo así como coagulada, en referencia en este caso a la sangre. El título en español es mucho más claro: Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre. Sin palabras. Yo hubiera ido al cine a verla sólo por el título de la traducción. Se lo prometo.


2. The Sound of Music. Esta película me trae loco. En España, ávidos y despiertos, nos dimos cuenta en seguida de que aquello del sonido de la música no quedaba nada claro y además no nos decía qué película íbamos a ver. Así que pusimos Sonrisas y lágrimas, para que las abuelillas llegaran al cine con el pañuelillo preparado en la manga de la blusa. Así me gusta. Precavidos. Pero es que en Latinoamérica, cuna del chocolate y del maíz, la película recibió el título de La novicia rebelde. Como lo oyen: un claro caso de nombre de película porno. Por esa regla de tres, piensen que están a tiempo de rodar una película sobre una madre infatigable que trabaja duro por el bien de sus hijas monguer en un colegio privado de chicas dándolo todo como cocinera, especialidad en ensaladas. ¿El nombre de la peli? Ensalada de pepino en el colegio femenino. (Si la ruedan ya me avisan, oigan, que les haré promoción en el blog)


1. Y por último, la joya entre las joyas, un título que ni Neruda en esas noches de lamento en que decía lo de: De otro, será de otro, como antes de mis besos // Su voz, su cuerpo claro, sus ojos infinitos // nunca podría haber llegado a elucubrar. Es ni más ni menos que la reina cinematográfica por su título, digna de las rimas de García-Lorca. Les hablo, ni más ni menos, de The Ice Princess, o, en español... Soñando, soñando... triunfé patinando.


Si tienen algún título que añadir a la lista, ya saben, me comentan.


Nos vemos.

lunes, 17 de mayo de 2010

Nakama, vas a flipar, tengo un keikaku que lo flipas!

Abstract: Fansubs have become cliquey Japanese language lessons, produced by a small group of people who apparently don't want anyone new to get into anime unless they too think that Japanese language is an omnipotent thing passed down on golden plates by God himself.

Queridas amigas, hoy he tenido un día de lo más productivo. Y es que además de ver a Ana Rosa Quintana decir de la Pantoja que estaba “insultante de alegría” en un día tan especial como hoy, he visitado el blog de Pablo Muñoz y me he encontrado con un documental sobre los fansubs que no tiene desperdicio, oigan. Aprovecho y les recomiendo el blog, aunque muchos de ustedes ya lo tienen como blog de cabecera.

El documental no nos dice nada nuevo, no nos engañemos, pero les prometo que la forma de contar las cosas me ha recordado mucho a esa frivolidad traductológica que tanto me gusta, y es que con frases del tipo:

(…) Distorting the message to fit his own intellectual and emotional outlook (Nida 1964) (…)

nos encontramos perlas como:

(…) There are many names for this behaviour:

-hypocresy

-selective bullshit (…)

VIVA

La cosa es que los fansubs empezaron imitando las traducciones profesionales, intentando ser lo más invisibles posible para que la atención estuviera únicamente en el anime, y no en nada más. Porque seamos sinceros, cualquier otro tipo de subtítulo, cualquier fuente o efecto extraño lo único que hace es molestar y hacer que el espectador meta no pueda tener la misma experiencia que el espectador origen. ¿O no?

Y aun así, los subtituladores ad hoc no pueden evitar exponer sus dilatados conocimientos de la cultura japonesa (inserte comentario peyorativo aquí) y bombardean con notas, referencias y efectos del subtitulado que matan al espectador lego.

Eso sí, con sus propias normas traductoras con puntos primordiales del tipo:

-Dejaremos en japonés los nombres de ataques y demás. (vale)

-Dejaremos en japonés los tratamientos de cortesía y sumisión (¿vale?)

-Dejaremos en japonés aquellas palabras y expresiones con valor emocional (tanto de la cultura origen como del propio traductor) básico e intrínseco a la historia o a las emociones del traductor (WHAT?)

Sí, señores, como lo oyen, que si al traductor la palabra “perro” le parece emocionalmente importante, pues la dejará en japonés y a la marcha. O si nakama, amigo en japonés, tiene un no-sé-qué que me enamora, pues señores, dejémoslo en japonés y si acaso ya ponemos una nota y lo explicamos ¿no?

Les dejo con el documental, que es muy muy bueno. Se lo prometo.

Ikinari hanada de kore wa nai!





jueves, 29 de abril de 2010

III Semana del audiovisual en la UJI



La Universitat Jaume I está de enhorabuena, y es que tiene el placer de celebrar la III Semana de Traducción Audiovisual. Como lo oyen. Ustedes sabrán como nadie que mi apretada agenda no me permite atender menudencias cualesquiera, pero sin embargo ayer sí asistí a una conferencia de Jorge Diaz Cintas sobre el estado de la traducción audiovisual y su mercado a día de hoy.

Hoy no les aburriré con lo que se dijo y con lo que no se dijo, ni les hablaré del anillo de pedrería del famoso traductor (cosa que merece post a parte). Como verán hoy vengo a enseñarles un video sobre lo que Diaz Cintas llama "futuro de la traducción audiovisual".

El vídeo les habrá dejado tan epatados como a mí, supongo. Porque utilizar subtítulos para vender medias no es una idea del montón, oigan, que a mí me parece una genialidad digna de mención y de algún premio de publicidad si me apuran.

A lo que iba, que Diaz Cintas planteaba que el futuro de la traducción audiovisual pasa por la hibridación de las convenciones propias con otras transgresiones y perversiones como las que ven ustedes en el vídeo.

Y yo ni frío ni calor, para qué les voy a engañar, que a mí el audiovisual me despierta simpatías y poco más; y me faltan datos para poder opinar con coherencia y cohesión.

Otro día les sigo comentando el tema y me lo preparo y esas cosas, que ahora me tengo que ir de tascas. Cosas de la vida.

domingo, 11 de abril de 2010

The Ghost Writer


Desde el cinco de enero de este año voy al cine todos los miércoles a ver una peli en versión original. A tres de abril he pasado por tres fases: la fase de voy-al-cine-para-practicar-mi-inglés, la fase de estoy-cómodo-cuando-quedo-contigo y la fase nunca-pasará-nada, en la que me encuentro en este momento. Pero bueno, eso no les interesa, así que pasaré a la acción.

Este miércoles fui a ver The Ghost Writer, una pasada de película, como se lo digo. Vayan a verla que no se arrepentirán. Palabrita del niño jesús.

La cosa es que a lo largo de la película el nombre de la misma da más problemas que otra cosa. Empecemos por el título: The Ghost Writer; en español: The Writer (epatado me hallo). La estrategia de traducción está clara:

-¡Oh Dios mío! ¡Mi público español no entiende The Ghost Writer!
-¿Cómo se dice eso en español? Mmmmm El Negro...
-¡Oh Dios mío eso es inaceptable, dejémoslo pues en inglés!
-¡Pero no se entiende!
-Pues pongamos The Writer, total, así queda superinternacional...

Como estrategia no es ni buena ni mala, miremos el ejemplo de The Carphone Warehouse y su equivalente español: The Phone House.

La cosa es que durante toda la película se hace referencia a la figura del ghost writer y, claro, la figura del negro, como el de Ana Rosa, tiene que salir por algún lado. Especialmente difícil es la doble referencia del siguiente diálogo:

-I'm just his ghost writer, you know, a ghost, a spirit., I'm everything but important in here.

-Well, being a spirit will make everything easier for you. At least you won't have to deal with all this.
-Speaking about spirits. (y le muestra su vaso vacío)


¿Qué tal?

Nos surgen dos problemas aquí. El primero es la traducción de un referente cultural que a su vez está basado en una metáfora sin equivalente directo y del que se construye un juego de palabras (ghost writer-spirit-spirit). Ahí queda eso. Y el segundo es el tipo de traducción al que nos enfrentamos y cómo el género textual, en este caso una película para subtitular, nos marca la pauta para traducir.

Mi primer intento es:

-Al fin y al cabo soy sólo su negro, mi opinión no se tiene en cuenta aquí.
-Pues sí, ser el negro es mucho más fácil. Por lo menos no tienes que involucrarte.
-Los negros también bebemos... (y le muestra su vaso vacío)

Como verán, mi intento, antes de mirar nada más, es inteligente. Y digo inteligente ya que buscar ese doble juego de palabras ha de ser la muerte, así que “plancho” uno de los dos y a la marcha. Traductores mejor dorados que yo seguro encuentran un doble equivalente. Yo nunca fui muy creativo para estas cosas.

De todos modos mi traducción tiene que descartarse porque el equivalente español de ghost writer, negro, es peyorativo y puede ofender a los negros del mundo. Así que fuera. Además, las convenciones de género acotan el número de caracteres máximo que un subtítulo acepta a 35,5 caracteres, así que habría que condensar la información por todos los lados. Cosas de la vida.

El código visual es también un problema y gordo, porque nos obliga a mencionar el alcohol subordinando así el código lingüístico al código visual. Una vez más, cosas de la vida.

Si les soy sincero no recuerdo la traducción propuesta. Recuerdo que el traductor ha intentado la ambición de mezclar ambos juegos de palabras y que la solución final no me gustó del todo. No sé.

En refinitiva, que vayan a ver la peli y ya me cuentan, que se la recomiendo, oigan.