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domingo, 4 de marzo de 2012

Un casse-dalle avec... Paola Pacchian -terminóloga-

Londres. Tate Modern






Háblanos un poco de tu trabajo como terminóloga, de lo que hacéis en el día a día

Por decírtelo en una frase, gestionamos glosarios de términos de especialidad. Recibimos textos, y los vaciamos: hacemos una extracción terminológica de aquellos términos que puedan dar más problemas a la hora de traducir, de las palabras clave respecto a la terminología del texto (sea por su nivel de tecnicismo, por ser un término que todavía no tiene una traducción acuñada, etc.).

Una vez hecho eso, sobre todo cuando el término no existe o no está acuñado en lengua de llegada, nos ponemos en contacto con el cliente para que nos explique ese término en cuestión: sus características, etc. De ahí damos forma a una definición que se envía a los traductores a la espera de que hagan propuestas de traducción para el término. Una vez validada la traducción, la incluimos en el glosario.

Otro aspecto que tratamos es el apoyo puntual a nuestros traductores en materia de terminología e incluso de informática. Es a nosotros a quienes nos llaman cuando, por ejemplo, tienen problemas técnicos con ficheros que no se abren, etc.

¿Con qué lenguas trabajáis en tu empresa habitualmente?

En realidad en mi departamento manejamos cualquier combinación lingüística. Ten en cuenta que nosotros trabajamos, entre otros, con glosarios y bases de datos, donde el trabajo del terminólogo es independiente por así decirlo de las combinaciones lingüísticas en cuestión. Cuando las labores del terminólogo se compaginan con las del traductor sí entran en juego las combinaciones lingüísticas que tengamos, pero tal y como es mi trabajo nuestra combinación cumple un papel más secundario que otra cosa.

¿Cuánta informática conoce un terminólogo?

Bastante, pero no ya sólo el terminólogo sino el traductor también. Muchas veces, sobre todo para algunos productos y clientes, el conocimiento técnico es el que va a marcar la diferencia entre el que te vuelvan a llamar como traductor o terminólogo, o no. No basta con que te pasen un archivo de Excel con una lista de términos y expresiones, que tú propongas equivalencias y alguien más ya se encargará de implementar eso en el software en cuestión: eres tú el que debe saber hacerlo. Conocer informática es esencial para todo eso.

¿Quién te enseñó a manejar las herramientas que usáis en tu trabajo?

Mi empresa, completamente. De hecho yo nunca había trabajado en localización antes. Y cuando llegué lo primero que tuve que hacer fue familiariarme con Multiterm y con la familia Trados. En estos momentos, sin embargo, queremos comenzar a utilizar Across y de hecho ya tenemos a parte de nuestro equipo viendo cómo podríamos hacer el cambio para complementarlo con el software que tenemos hasta el momento. Realmente nunca dejas de aprender en cuanto a informática se refiere.

¿Qué es lo mejor y lo peor de trabajar con la terminología de un texto?

Bueno, la Terminología en las facultades de Traducción e Interpretación es siempre la bestia negra con la que nadie se quiere meter, y sin embargo a mí me gusta mucho la familiaridad que adquieres al trabajar con herramientas informática, de extracción terminológica y traducción asistida. Otro de los programas que utilizamos y que no he mencionado arriba es el TagEditor, y lo usamos tan a diario que lo podría usar ya con los ojos cerrados. Me gusta mcuho ese background específico a nivel tecnológico que adquieres y que luego puedes usar para traducir, por ejemplo.

Y bueno, respecto a los aspectos negativos, pues de todo hay en este mundo. Hay traductores que al saber que la empresa les brinda un apoyo terminólogico se aprovechan de él. Buscan en Google y a la mínima recurren a nosotros, cuando obviamente son ellos los que están mucho más familiarizados con el texto. Y esto pasa más de lo que te puedas imaginar, te lo aseguro. Creo que es ésa actitud lo que menos me gusta de mi trabajo, aunque al menos en mi empresa se están haciendo esfuerzos importantes para modificarla.

¿Cómo llegaste al mundo de la traducción?

En mi caso, desde siempre me gustó la idea de traducir. Sin embargo en su día la carrera de Traducción propiamente dicha sólo se podía estudiar en Trieste y en Umbría, así que acabé estudiando Filología inglesa en Bérgamo, con francés y alemán como segundas lenguas. Estuve de erasmus en París y, al acabar, dentro del marco de prácticas Leonardo, trabajé en una empresa irlandesa durante algunos meses.

Algo con lo que me encontré fue que yo no tenía una formación académica en traducción y que si ya era difícil encontrar un primer trabajo para los traductores de formación, para alguien con una carrera diferente, pese a tener toda la vocación del mundo, aún iba a ser más complicado; así que me matriculé en el posgrado de Traducción audiovisual de Barcelona, desde el cual obtuve mi primer trabajo como project manager en una empresa pequeña que se dedicaba a la traducción jurídica, principalmente.

Y de ahí di el salto a Londres, donde pensaba que me esperarían más oportunidades, y donde aquí me tienes.

En España nos quejamos de la situación de nuestra profesión y del poco reconocimiento social que tienen los traductores e intérpretes ¿Cómo es la situación en España?

En Italia no hay reconocimiento público o social de la profesión. En absoluto. De hecho opino que en España la profesión está mucho más definida, con facultades históricas de TeI y vías de acceso a la figura del traductor jurado, por ejemplo. Algo muy curioso en Italia, y que quizá no sepas, es la actitud de los italianos respecto a la traducción; y es que en Italia, rompiendo con la tendencia lógica, lo normal es hacer traducción inversa, porque ése es el idioma que tú has estudiado como profesional en la universidad. De hecho, y aunque te pueda sorprender, de entre la mayoría de traductores que conozco casi nadie traduce al italiano: todos lo hacen a sus lenguas B.

Y antes de acabar, Paola, da un consejo a los jóvenes que están intentando abrirse camino en el mundo de la TeI

En una palabra: especialización. En cuanto acaben la carrera, si lo tienen claro ya, que se especialicen en un ámbito, que, cuidado, no tiene por qué ser el ámbito con que trabajarán siempre, que la vida da muchas vueltas. Por lo menos desde mi experiencia la gente que se encarga de hacer selección de personal mira, antes que nada, la especialización que uno tenga y las palabras que grosso modo ha traducido dentro de ese ámbito. Cuanto antes se especialicen, mucho mejor.

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Muchas gracias Paola por tu tiempo, por hacerte esperarme y por el magnífico chocolate en la Tate.

domingo, 5 de febrero de 2012

Un casse-dalle avec... Elisabeth Falomir -editora y traductora-

Valencia. Chocolatería Valor.






Re-belle: Cuéntame en qué trabajas en estos momentos

Elisabeth: Siempre ando con varios proyectos a la vez, siempre bicéfala: está mi cabeza de oficinista seria, que uso de lunes a viernes, como editora junior en Gadir Editorial, y la cabeza de traductora, que uso en ratos libres, por la noche y los fines de semana.

Así que en realidad no me da tiempo a aburrirme: piensa que las exigencias en una editorial pequeña son muy variadas (además de corregir y maquetar, me ocupo de la exportación a América Latina, la comercialización y el seguimiento de los libros en el mercado español y un poquito de comunicación y prensa) y en cambio la traducción es una actividad más tranquila, más solitaria, con la que desconecto de lo demás.

La mayoría de traducciones que he publicado han sido para la editorial en la que trabajo, que tiene un catálogo que me encanta y en la que incluso me permiten proponer textos: un verdadero lujo. No obstante, también he publicado traducciones de novelas juveniles en La Galera e incluso un pequeño volumen de ensayo sobre teoría postcolonial. 

R: ¿Y cuál es el libro con que más has disfrutado traduciendo?

E: Probablemente sea El Nilo: Cartas de Egipto, una pequeña selección de la correspondencia de Flaubert durante su viaje por Egipto en 1850. Fue toda una experiencia enfrentarme a un autor clásico de esta envergadura, y disfruté muchísimo con el proceso. Además el libro no tiene desperdicio. Le escribe a su madre, por ejemplo, diciéndole que todo es precioso, que comen muy bien y que le encanta el exotismo del país; y al mismos tiempo le escribe a los amigos para contarles que, entre otras cosas, ha visitado burdeles de la zona.  

R: Háblame de El fin de los libros, otro libro que has traducido

E: Es un opúsculo publicado por Octave Uzanne, un bibliófilo empedernido, en 1894. En él vaticina el final del libro impreso, por considerarlo poco práctico, ¡e incluso se anticipa a la invención del audiolibro! Resulta muy divertido asomarse a las reflexiones que Uzanne ofrecía ya a finales del XIX, porque el discurso sobre el soporte de la literatura sigue vigente hoy en día... 

R: Y hablando de los soportes de la literatura ¿qué opinas del libro electrónico?

E: No tengo e-reader, pero como soporte de lectura me parece fascinante por sus «pijaditas»: permite subrayar, añadir enlaces a fotos o vídeos, entresacar párrafos y guardarlos en un archivo o compartirlos en redes sociales... Creo que todo eso tiene sentido esencialmente para manuales técnicos o de filosofía, pero alguien que busque la lectura sin florituras añadidas no abandonará por completo el papel. Entiendo que haya opiniones encontradas y que los editores (e impresores) tradicionales lo perciban como una amenaza a la industria. Yo no comparto ese catastrofismo: de hecho, creo que en los tiempos de la autoedición, más que nunca, será cuando se haga relevante la figura de un editor que seleccione y proponga literatura de calidad entre la avanlacha de ebooks. 

R: Hablas de «pijaditas» respecto al lector, aunque el libro electrónico abre un abanico de posibilidades al escritor también...

E: En eso de las «pijaditas» sigo siendo escéptica: yo estoy a favor de que el autor se siente y escriba su texto, no que se convierta en un prestidigitador multimedia capaz de sacarse de la manga una trama floja y adornarla con fuegos artificiales. No me interesa el despliegue de las nuevas tecnologías. Seré una ingenua, pero creo que esa fórmula de entretenimiento palidece ante la verdadera literatura.

De todos modos este otoño leí una novela de A. Olmos publicada por la editorial Mondadori: Ejército enemigo. En ella se describe una escena pornográfica y, al acabar la narración, descrita de forma muy visual y acertada, se incluye una nota al pie con un enlace al vídeo. Pese a que existen las imágenes, os prometo que es más divertido leerlo que verlo en pantalla.

R: Dime, ¿cómo llegas a Gadir?

E: Me licencié en la UJI pero terminé la carrera en la Universidad Autónoma de Madrid gracias a una beca Séneca. Allí supe que Eduardo Becerra, un profesor de literatura hispanoamericana, estaba dirigiendo un máster de edición. Fue un curso tremendamento intenso y productivo. Yo tenia claro que me interesaba la edición literaria independiente: entré en Gadir para hacer prácticas y finalmente me quedé. 


R: Háblame más de tu máster

E: El máster de la UAM tiene un apartado práctico y otro teórico. El primero consistía en formar grupos y editar un libro durante el curso. Llevamos a cabo una antología de cuentos de terror de autores latinoamericanos del siglo XIX. Quedó muy bien, la verdad. Hay que tener en cuenta que trabajábamos con plazos razonables y la tranquilidad que da saber que no existe una presión comercial detrás. Eran condiciones ideales, pero permiten hacerse una idea muy precisa de lo que supone coordinar la publicación de un libro, de la A (selección de textos) a la Z (distribución y plan de marketing). El apartado teórico ofrecía una serie de ponencias a cargo de grandes nombres del mundo editorial que venían a hablarnos de algún aspecto concreto: gestión de derechos de autor, diseño gráfico, historia del libro, creación de catálogo y línea editorial, etc.

R: Y una última pregunta, dime, ¿qué estás traduciendo ahora?

Siempre ando con varios proyecto a la vez porque es inevitable que se me solapen… Ahora tengo entre manos la segunda parte de la correspondencia de Flaubert que mencionaba antes: las cartas relatan su vuelta a Francia pasando por Oriente Medio, Grecia e Italia. También estoy traduciendo una novela erótica muy recomendable para la editorial barcelonesa Melusina. No puedo dar más detalles, ¡pero es un libro fantástico que se publicará a lo largo del semestre!


Gracias Elisabeth por romper el hielo en re-belle :)